La semana comienza con lluvia y parece que seguirá lloviendo durante toda la semana. Este invierno está siendo muy frío y lluvioso pero entra dentro de lo normal, estamos en invierno y es lo que toca.
Los primeros días de septiembre de 1918, la enfermedad parecía haber remitido, para alivio de los madrileños y sobre todo de los políticos. El alivio duró poco, con la llegada del otoño la gripe volvió con una virulencia letal.
Cuando se habla del Madrid judío se suele hacer referencia a una supuesta judería ubicada en el barrio de Lavapiés, pese a que nunca se encontraron restos ni escritos que confirmasen la existencia de una judería en este barrio de Madrid.
¿Cuándo llegaron los judíos a Madrid?
La primera referencia de la que se tiene constancia de la existencia de judíos en Madrid se remonta al año 1053, cuando Madrid era una pequeña población dominada por los árabes, un poco antes de caer en manos cristianas por el rey Alfonso VI de León y Castilla.
En 1053 un judío llamado Simeón Ibn Saúl escribió una carta a su hermana para anunciarle el fallecimiento de dos judíos vecinos de Mayrit (Madrid). Junto a esta carta se conservan otras cartas, de naturaleza comercial, que confirman la existencia de una población judía estable en Madrid.
En 1202 el rey Alfonso VIII dicta el Fuero de Madrid y en él se hace referencia a los judíos madrileños.
Durante los siglos XIII y XIV la población judía aumenta en Madrid, hasta que en el año 1391, desde Sevilla y como un reguero de pólvora, se extendió por todo Castilla una ola antisemita que redujo a cenizas las aljamas de Castilla y sus ciudadanos, los judíos, fueron forzados al bautismo. Este triste episodio es conocido como el pogrom de 1391.
¿Dónde estaba situada la judería?
Según los últimos estudios, la judería medieval se encontraba en las inmediaciones del viejo Alcázar y la sinagoga estaría situada entre lo que hoy es el patio de la armería del Palacio Real y la Cuesta de la Vega. Después de los incidentes sufridos en 1391, la población judía se encontraba más dispersa por aquél viejo Madrid.
En 1480, un los judíos españoles sufren un nuevo golpe, las Cortes de Toledo decretan la obligación de que los judíos habiten una serie de calles, agrupados, afectando muy negativamente a los judíos madrileños.
Unos años después, los judíos madrileños, como el resto de los judíos españoles se vieron forzados a salir del reino o bien convertirse en cristianos por el edicto de expulsión firmado por los Reyes Católicos el 31 de marzo de 1492.
Después de la expulsión, la Inquisición y las leyes antisemitas borraron gran parte del legado cultural judío en toda España. Pese a los muchos esfuerzos por borrar todo vestigio hebreo de España, todavía se conservan algunas sinagogas y juderías, así como nombres de calles, apellidos muy comunes en España y de origen judío como Toledano, Pulido o Cepeda e incluso, gracias a la ciencia, descubrimos que por nuestras venas, también corre sangre judía.
Actualmente, la comunidad judía madrileña es pequeña comparada con otras ciudades de Europa pero, afortunadamente, goza de muy buena salud.
En el año 1733 se fundó en Madrid una curiosa cofradía con el apoyo de Felipe V llamada la Santa y Real Hermandad de María Santísima de la Esperanza y Santo Celo de la Salvación de las Almas. Lógicamente, los madrileños de aquella época les era tan difícil nombrarla como lo es hoy para nosotros ir a la tienda y pedir un kalia vanish oxiaction crystal white, es por ello que los madrileños le pusieron un nombre popular y rotundo, la Casa del Pecado Mortal.
Esta cofradía se encontraba muy cerca de lo que hoy es la Gran Vía y su misión, recoger a las prostitutas de la zona para redimirlas del pecado. También era una especie de hospital en el que las jovencitas “desfloradas” y encinta, víctimas de engaños y falsas promesas de casamiento, se ocultaban durante todo el embarazo llevando una vida de penitencia por su “pecado”.
Como en esta ciudad nunca faltó el vicio, cada año la población de mujeres pecadoras de la Casa del Pecado aumentaba, mucho más después de que a alguien se le ocurriese la idea de hacer una ronda, la Ronda del Pecado Mortal, que se encargaba de pedir limosnas, recoger a las descarriadas de la calle y atormentar al personal con su presencia.
La ronda solía pasearse por las calles al son de una campanilla, coreando coplillas y rimas a cual más agorera.
“Alma que estás en pecado, si esta noche murieras, piensa a dónde fueras”
Con esta premisa, en aquella religiosa sociedad, cualquiera era el guapo que se iba de farra después de escuchar a los de la ronda.
En 1744, esta cofradía pasó al convento de Santa María Magdalena, situado en la calle Hortaleza. Los motivos del traslado fueron para gestionar mejor sus servicios y por cuestiones de espacio ya que el anterior se había quedado pequeño.
Del convento no queda ni rastro, después de diferentes construcciones y reconstrucciones, fue incendiado y pasto de las llamas en 1936 por los republicanos en aquella fiebre anticlerical.
Después de la guerra se edificó un nuevo convento en el mismo lugar, en la calle Hortaleza 88, frente a la iglesia de San Antón. En su interior ya no hay prostitutas recogidas ni monjas, hoy está ocupado por los sindicalistas de la U.G.T. ya que allí tienen una de sus muchas sedes.
Nota: la foto de la entrada aparentemente no tiene nada que ver con esta entrada. Al no existir este curioso edificio he puesto una que hice en la presentación de la exposición "Todas Volvemos a la Calle" de la gran fotógrafa Maya Goded, si fuiste a la exposición entenderás el sentido de la imagen en este post.
Un 31 de mayo de hace 102 años, Madrid estaba engalanado, en los Jerónimos acababan de contraer matrimonio el rey Alfonso XIII con la princesa Victoria Eugenia de Battenberg.
Después del enlace, la pareja real y la comitiva nupcial se puso rumbo al Palacio Real ante la expectación de los madrileños que se agolpaban en las calles para ver el paso del regio matrimonio.
Faltaban escasos minutos para las dos de la tarde cuando la comitiva real pasaba por el actual número 83 de la Calle Mayor, justo frente a lo que hoy es la Casa Ciriaco. Desde uno de los balcones del último piso, un joven lanzó un ramo de flores, un ramo demasiado pesado que ocultaba un arma mortífera, una bomba. El ramo rebotó en los cables del tranvía y se desvió de su objetivo, que no era otro que Alfonso XIII y su joven esposa.
Al tocar el suelo la bomba explotó matando casi en el acto 23 personas y provocando numerosos heridos debido a la gran concentración de personas que había en las calles.
Fue el primero de los grandes atentados que sufriría Madrid con gran cantidad de víctimas.
El autor de aquel atentado era el anarquista catalán Mateo Morral, que, después de atentar, salió corriendo del edificio y se mantuvo oculto varios días hasta que un día, acosado por el hambre, salió de su escondite y entró en una venta de Torrejón de Ardoz para comer. Su acento catalán, entre otros motivos, provocaron las sospechas de los que allí se encontraban, que conocían el perfil del que era el hombre más buscado de España, así que decidieron llamar a los guardias.
Un guardia fue a la venta e interrogó al sospechoso, al que intentó llevarse ante las autoridades. El anarquista al verse acosado, sacó una pistola que guardaba entre sus ropas y con la misma sangre fría de la que había hecho gala unos días antes, disparó contra el guardia matándole en el acto, unos minutos después Mateo Morral se suicidaría con su misma arma.
Un año después se levantó en el lugar del atentado, un hermoso monumento en memoria de las víctimas de aquel de aquel triste día.
El monumento realizado en mármol, constaba de tres columnas rematadas con una escultura de la Virgen. Aquel monumento fue destruido al poco de instaurarse la II República, tenía todas las papeletas para ser víctima del fanatismo político de la época, una representación religiosa en un monumento en honor a las víctimas de aquel triste día de enlace real.
El colmo del despropósito vino después, durante la Guerra Civil, cuando la calle Mayor cambió de nombre y se le puso Calle de Mateo Morral.
Hoy en aquel lugar se alza una triste escultura en bronce de un ángel que recuerda a los fallecidos de aquel día.
Todos los 31 de mayo, los dueños de Casa Ciriaco, depositan una corona de laurel en el actual monumento en memoria de aquellas víctimas, para muchos olvidadas, que murieron aquel triste día de primavera.
Desde la fundación de Madrid en la Edad Media, los madrileños han padecido periódicamente los estragos de las epidemias. La peste negra, el cólera o la gripe española, que no era española, han dejado su impronta en la historia de Madrid y en nuestro sistema inmunológico.
Una de las grandes epidemias fue la que asoló Madrid y media España en 1834, fue producida por el cólera.
El origen de esta epidemia de cólera hay que situarlo en Vigo, allí en 1833 se dieron los primeros casos, parece ser que los portadores fueron los militares que lucharon en la Guerra de Sucesión de Portugal.
Durante el invierno la epidemia quedó paralizada pero con la llegada del buen tiempo la epidemia adquirió mayor virulencia.
En verano de 1834 la epidemia estaba en Madrid, el calor y las malas condiciones higiénicas sembraron de muerte las calles de Madrid, especialmente entre la población sin recursos.
Las autoridades tomaron medidas como el saneamiento de las calles, la creación de casas de socorro y otras más drásticas como la expulsión de la ciudad de los indigentes. Pese a estas medidas en Madrid murieron 4.463 personas de una población de 220.000 habitantes.
Uno de los episodios más dramáticos se produjo cuando se corrió el bulo de que los frailes habían envenenado las aguas, lo que provocó que el populacho irritado y asustado atacase varios conventos asesinando a muchos frailes. Este espisodio histórico es conocido como la matanza del 17 de julio.
Esta fue una de las últimas grandes epidemias en Madrid, las próximas fueron, en su mayoría, producidas por la gripe.
Madrid no es una ciudad con un clima extremo, cierto es que en enero hace mucho frío y en agosto la ciudad es realmente tórrida, pero salvo esos dos meses, el clima es relativamente benigno y fácilmente soportable, tanto para frioleros como para calurosos.
Afortunadamente, Madrid tampoco sufre desastres por culpa de fenómenos meteorológicos extremos, es muy raro que padezcamos inundaciones, huracanes o tornados pero podría darse el caso.
Un primaveral día como hoy, un 12 de mayo de 1886, los cielos de Madrid amanecieron despejados. A medida que avanzaba el día, los cielos se fueron cubriendo de nubes. Ya por la tarde empezaron a formarse los típicos cúmulos de tormenta, que no tardó en llegar, llovió e incluso granizó. Era el típico día de primavera, nada hacía presagiar lo que horas más tarde se convertiría en un desastre del que no había constancia en Madrid y que nunca más se volvió a repetir.
A las siete menos diez minutos de la tarde, en Carabanchel Alto se formó un potente tornado que se pasó por el Puente de Toledo, Paseo Imperial, Paseo de Yeserías, Acacias, Atocha, Jardín Botánico hasta llegar a Chamartín, donde quedó reducido a un cúmulo de nubes tormentosas.
El paso de este tornado, desconocido hasta entonces en nuestra latitud, derribó numerosos árboles, chimeneas y muchos tejados quedaron dañados, pero esto fue sólo el principio.
Todavía los madrileños no se habían recuperado del susto cuando a las siete y un minuto, un inmenso tornado, acompañado de otros pequeños tornados, arrasaron todo lo que encontraron en su camino provocando numerosísimas muertes de las que no se pudo hacer un balance exacto.
Este último tornado recorrió 14 kilómetros, empezó en Carabanchel y terminó en Puente de Toledo, fue un corto recorrido pero el radio de destrucción fue mucho más amplio debido a los pequeños tornados que acompañaban al big one de los tornados madrileños.
Después del paso de los tornados los rayos iluminaron el cielo de Madrid en una espectacular tormenta, que poco a poco amainó y todo volvió a la normalidad. Al día siguiente el panorama era desolador, cientos de árboles, muchos de ellos de gran porte, como uno que había junto a la fuente de Neptuno, estaban arrancados de cuajo, infinidad de tejados destruidos, incluso las cruces de hierro que coronaban varias iglesias, estaban dobladas indicando la dirección del viento.
Lo más dramático fue la gran cantidad de personas que perdieron la vida en aquel día que se suponía iba ser un típico día primaveral como el de hoy.
Esta es la única vez que un tornado arrasó Madrid y espero que sea la última.
Imagen y fuente: La Ilustración Española y Americana 23/mayo/1886
Castizamente a los madrileños nos llaman gatos, el motivo de este apelativo hay que buscarlo en el año 1085, año en que, por enésima, vez las huestes cristianas intentaban apoderarse de Madrid (Mayrīt) que era musulmán. Madrid era un punto clave para la reconquista de Toledo y por eso el empeño de los reyes cristianos en apoderarse de Madrid.
Después de muchos intentos, las murallas de Madrid se hacían inexpugnables. En 1085 los guerreros del rey Alfonso VI de Castilla tenían sitiado Madrid pero no había forma de franquear las murallas. Uno de aquellos guerreros, un joven que casi era un niño, por su propia cuenta se puso a trepar por las murallas ante el asombro de todos. Al ver cómo subía con la agilidad propia de un felino, los cristianos empezaron a exclamar, ¡parece un gato!
El joven alcanzó su objetivo y arrancó el estandarte de la media luna y colocó el estandarte cristiano, dando paso a sus compañeros a la toma final de Mayrīt.
El joven y sus descendientes tomaron el nombre de Gato y en honor a aquella hazaña a los madrileños se les llama gatos.
La imagen corresponde al cuadro de Goya, Riña de Gatos, que podemos ver en el Museo del Prado.
La imagen de dos gatos riñendo nada tiene que ver con el follón montado entre Gallardón y Aguirre
La Inquisición española fue una terrible forma controlar a la sociedad y de evitar conflictos religiosos y políticos como los que ocurrían en el pasado en otros lugares de Europa, su extremada permanencia en el tiempo, entre otros motivos, favoreció enormemente a aumentar la leyenda negra española. Pese a que la Inquisición empleaba durísimas e inhumanas técnicas de tortura, la inquisición española no fue tan tremenda si la comparamos con la de otros países europeos.
Los autos de fe eran una especie de juicio en el que los inquisidores juzgaban a los acusados de herejía, brujería y todo tipo de actos contrarios a la Iglesia Católica, con especial virulencia hacia los conversos que se les acusaba de judaizar. Con el tiempo estos juicios se convirtieron en una atracción a la que acudía la gente para "disfrutar" del espectáculo.
El auto de fe más famoso, precisamente por ser uno de los que podemos poner una imagen gracias a que fue inmortalizado por Francisco Ricci en su cuadro titulado: Auto de Fe y que podemos contemplar en el Museo del Prado, es el Auto de Fe de 1680.
Fue un acto multitudinario y se eligió un lugar bien conocido de Madrid para celebrarlo, la Plaza Mayor. Entre los asistentes estaban el rey Carlos II y su esposa, María Luisa de Orleáns, que podemos ver situados en el centro del cuadro bajo palio.
Para comprender mejor cómo estaba organizado el auto de fe debemos fijarnos detenidamente en el cuadro.
A la derecha se alzaba la grada en la que estaban los reos, que podemos ver que lucen el típico capirote, éstos están acompañados por familiares y religiosos que intentaban que se arrepintiesen del delito imputado, normalmente con mucho éxito ya que las penas eran tremendas.
A la izquierda se encuentra la grada en la que estaban los miembros del Supremo Consejo de la Inquisición.
En el centro estaba el tribunal, allí los presos esperaban a que se dictase la sentencia.
Un total de 118 hombres y mujeres fueron juzgados en aquel auto de fe, 21 de ellos fueron ejecutados, unos fueron estrangulados a garrote, los arrepentidos, y el resto quemados en la hoguera.
El resto de los acusados fueron condenados a diversas penas, latigazos, destierro, confiscación de bienes, vergüenza pública o a galeras.
Como en los espectáculos de hoy, en aquel auto de fe se podían consumir refrescos, bizcochos o chocolate para hacer más agradable el momento, incluso bajo el entarimado habían unas habitaciones dispuestas para atender los posibles desmayos o indisposiciones de los reos, evidentemente en aquellos tiempos no existía el SAMUR.
Hoy en la Plaza Mayor se siguen haciendo espectáculos multitudinarios, eso sí, afortunadamente los autos de fe pasaron a la historia.
La patrona de Madrid es la Virgen de la Almudena, festividad que se celebra el 9 de noviembre, día en el que la imagen de la Virgen fue "redescubierta".
La historia de la Virgen y de su descubrimiento está plagada de leyendas y a mi juicio, fantasías que no se sostienen por ningún lado, pero empecemos a contar la historia oficial.
Se cuenta que la imagen fue traída por un discípulo del Apóstol Santiago en el año 38 de nuestra era desde Jerusalén. En el 712 el Reino Visigodo estaba aniquilado, Toledo, la que fue capital del Reino Visigodo estaba en manos de los moros y la pequeña población de Madrid también, ni que decir tiene que Madrid no se llamaba Madrid, hay quien afirma que en aquella época se llamaba Mantua, ursaria...
Con la invasión árabe la población cristiana escondió la imagen de la Virgen para protegerla de los moros, ya que éstos acostumbraban a destruir todas las representaciones humanas y si se trataba de imágenes religiosas más, por considerarlas falsos ídolos.
En 1085, el rey Don Alfonso VI de Castilla reconquistó Toledo, y Madrid, que los musulmanes ya habían bautizado como Magerit, también quedó reconquistada, una vez más volvía a ser tierra cristiana.
La población de Madrid de aquella época sabía que existía una imagen de la Virgen escondida, pero nadie recordaba dónde, fue cuando el Rey ordenó que se realizasen rogativas al cielo para que apareciese la imagen.
Un 9 de noviembre de 1085, después de una solemne misa, una procesión recorrió todos los lugares donde se creyó que pudiera estar escondida imagen de la Virgen y justo al pasar junto a una parte de la muralla, hoy conocida como Cuesta de la Vega, uno de los lienzos se derrumbó, dejando al descubierto un nicho en el que se encontraba la Virgen que con tanto fervor andaban buscando. Cuenta la leyenda que en el nicho había dos lámparas de aceite que todavía estaban encendidas, no hace falta decir que eso por muy milagroso que sea es muy fantasioso, pero la leyenda es así y le da más belleza a la historia.
Ese día se determinó que fuese la patrona de Madrid y que se conmemorase el mismo día en que fue descubierta.
Existe otra leyenda mucho más increíble en la que aparece el mismísimo Cid Campeador, leyenda que ya contaré en otra entrada.
Como decía al inicio, la historia es muy fantasiosa y el origen de la imagen debe ser muy diferente al de la historia oficial. En caso de dar por válido el milagro de la aparición, eso no lo pongo en duda y cada uno es muy libre de creer o no creer, si nos fijamos en la imagen de la virgen nada indica que se trate de una talla del siglo I, por no parecer no parece ni medieval, posiblemente se trate de una imagen del siglo XV o XVI. Es posible que la imagen primitiva fuese una similar a la Virgen de Atocha, una virgen que sí es medieval, pero no la de la Almudena, que por su aspecto nada indica que se trate de una talla tan antigua.
Como curiosidad existe una talla muy similar de la Almudena en Pastrana (Guadalajara) en el Museo de la Colegiata, que es muy similar a la de Madrid pero con una historia mejor documentada.
La Imagen oficial de la Almudena se encuentra en la Catedral de Madrid y durante estos próximos días se celebrarán misas en su honor.
Una de las fiestas más tradicionales en Madrid es la de la Virgen de la Paloma, que se celebra el 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen. Puede parecer que esta tradición tan arraigada en Madrid es muy antigua, pero no es así, el culto a la Virgen de la Paloma es una tradición moderna que nace en el siglo XVIII.
Hay otras vírgenes en Madrid, como la de la Almudena y la de Atocha que son las Patronas de la ciudad, pero en el caso de la Virgen de la Paloma es diferente, podríamos decir que se trata de la Virgen del pueblo.
Normalmente todas las vírgenes a las que se rinde culto son tallas de madera o de piedra, en el caso de la Paloma es un cuadro que recuerda a un icono de la Iglesia Ortodoxa.
La historia del cuadro es muy curiosa, a principios de 1787 unos niños encontraron un cuadro de Nuestra Señora de la Soledad en una escombrera. Los niños utilizaron el cuadro como juguete arrastrándolo por las calles hasta que una mujer que pasaba por allí, llamada Isabel Tintero, les arrebató el cuadro y después de restaurarlo lo colocó en el portal de su casa.
El carácter milagroso de la imagen se extendió por todo Madrid con gran rapidez, tanto que, a los cuatro años de encontrar el lienzo de Nuestra Señora de la Soledad, en un viejo corral situado en la calle de la Paloma se levantó un templo en el que se podía dar cabida a los muchos fieles que acudían a manifestar su devoción.
Durante la invasión napoleónica, el cuadro y la joyas de la Virgen de la Paloma fueron escondidas por la propia Isabel Tintero para evitar su saqueo, también durante la Guerra Civil, el cuadro fue escondido en un cabecero de una cama en el sótano de una farmacia de la calle Toledo, gracias a ello el cuadro se libró de ser pasto de las llamas en aquellos años de fiebre anticlerical.
Se dice que la mujer que aparece en el cuadro no es realmente una representación de la Virgen, se trata del cuadro de una monja del siglo XVI, un cuadro pintado por su padre antes de entrar en la clausura en un convento de Burgos.
Sea cual sea el origen del cuadro misterioso, el próximo día 15, festividad de la Asunción de la Virgen, los Bomberos de Madrid, bajarán el cuadro de la Paloma del altar para llevarlo en procesión, como vienen haciendo desde hace muchos años y volveremos a escuchar los vivas a la Paloma y los vivas a Madrid.
Felices fiestas de la Paloma y felicidades a todas las Palomas
Eres Virgen de Madrid
que te reza y que te adora,
mas la calle en la que vives
te hace ser de la Paloma
Por muy lejana que parezca en el tiempo, la Guerra Civil española, está en nuestra vida, en la de nuestros padres, nuestros abuelos.
Emociona ver imágenes como estas y lamentas que nuestras familias hayan tenido que vivir semejante horror.
A 45 kilómetros de Madrid, en plena sierra y enclavado en el Parque Regional de la cuenca alta del Manzanares, se encuentra la localidad de Miraflores de la Sierra.
Este pueblo fue fundado por ganaderos segovianos a finales del siglo XIII con el nombre de "Las Porquerizas" un nombre bastante desagradable comparado con su nombre actual.
Cuenta la leyenda que en 1627, Isabel de Borbón, esposa Felipe IV, se dirigía al monasterio de El Paular, a mitad de camino, la reina y su comitiva hicieron un alto para descansar, precisamente en lo que hoy se llama, "Parada del Rey" La Reina salió de la carroza para estirar las piernas y disfrutar del paisaje, fue entonces cuando se sorprendió al ver la multitud de flores que había en aquel lugar, tan sorprendida quedó, que exclamó a su camarera mayor: ¡mira, flores! Fue desde entonces cuando este lugar pasó a llamarse Miraflores.
Hay otra versión de la historia que cuenta que, la Reina, impresionada por la multitud de flores preguntó a un miembro de la comitiva por el nombre de aquel lugar, éste le respondió que se llamaba, Las Porquerizas, la Reina se sorprendió y exclamó indignada ¿cómo es posible que un lugar tan bello tenga ese nombre? fue ese día en el que este lugar cambió de nombre.
Sea cual sea la leyenda, lo cierto es que, es mucho más bonito el nombre de Miraflores de la Sierra que Las Porquerizas.