Madrid es una ciudad de contrastes y paradojas, un claro ejemplo de ello es que Madrid no tiene mar pero sí tiene un imponente Faro. Otra paradoja se encuentra a pocos pasos de este faro, se trata de un arco triunfal que no es precisamente el símbolo de un triunfo pero, lo más curioso de todo es que las dos construcciones son víctimas de un destino común, el abandono y el desafecto de los ciudadanos.
Tanto el Arco de la Victoria como el Faro surgieron con un mismo fin, convertirse en iconos de la ciudad para mayor gloria de los dirigentes de turno, uno durante la dictadura y el otro ya en democracia. Desde su construcción, tanto el faro como el arco han sido y son un quebradero de cabeza para los gobernantes y un pozo sin fondo para los contribuyentes madrileños que ven, vemos, como las importantes cantidades de dinero público que se destinan al mantenimiento del arco y del faro no reportan ningún beneficio a la ciudad ni a los madrileños.
Recientemente y por enésima vez, el Ayuntamiento de Madrid ha anunciado la apertura al público del Faro este mes de marzo, con objeto de rentabilizarlo y hacer realidad aquello que se dijo de esta construcción el día de su inauguración, que sea uno de los símbolos de la ciudad.

La apertura definitiva del faro y su conversión en un icono de la ciudad es algo que todavía está por ver, lo cierto y verdad es que tanto el Faro como el Arco de la Victoria tienen muchas cosas en común, comparten espacio, un futuro incierto y una realidad, que ninguno es un símbolo de nada bueno.


Ya se pueden ver en Madrid las primeras 15 placas en recuerdo a las víctimas del terrorismo que forman parte del Itinerario de la Libertad.

Aunque hace ya algún tiempo que Madrid no sufre el zarpazo del terrorismo, muchos no olvidamos ni a las víctimas, ni el sonido de las bombas, ni los disparos, ni los daños y el horror que todo ello provoca. Por este motivo, es de agradecer iniciativas como esta en la que se recuerda a los 382 asesinados en los 176 ataques terroristas que ha sufrido nuestra ciudad en las últimas cuatro décadas.

Esta iniciativa se materializó recientemente con el acuerdo plenario donde se aprobó por casi todos los grupos políticos del Ayuntamiento, junto a los representantes de varias asociaciones de víctimas del terrorismo. En palabras de la alcaldesa Ana Botella la colocación de estas placas “es una obligación moral para todos los españoles, y en nuestro caso los madrileños, garantizar la justicia, la verdad, el recuerdo y la dignidad de las víctimas y sus familias, frente a cualquier tipo de olvido, impunidad o manipulación de la historia".

Pero como nunca llueva a gusto de todos, la polémica, también en este caso, está servida pues una de estas placas recuerda a Carrero Blanco, asesinado en 1973 por ETA, cuando era presidente del gobierno durante la dictadura de Franco. Esto ha provocado que Izquierda Unida no apoyase esta iniciativa y que, además, amenace con llevar al Ayuntamiento a los tribunales por “otorgar una placa a Carrero Blanco, una de las figuras más negras de nuestra historia".

Bien es cierto que la colocación de una placa en recuerdo de Carrero Blanco puede chocar con la Ley de Memoria Histórica y es cierto que puede provocar el lógico rechazo de la sociedad pero también podemos caer en el error de pensar que hay víctimas de primera y de segunda, ¿cómo se podría solucionar esto? Este un tema complicado y delicado en el que se debería hacer una reflexión profunda y lograr un acuerdo para el bien de todos y para que nunca más las víctimas del terrorismo se vean una vez más y muy a su pesar, involucradas en divisiones, ni políticas ni sociales pues las víctimas son eso, víctimas y debemos de tener en cuenta que víctimas también podemos ser todos nosotros pues el terrorismo está ahí, ya sea autóctono o exótico, por eso la unidad entre todos, en esto y en todo lo demás es más que necesario.



Después de estar cerrado desde hace más de una década, eReal Hospicio del Ave María y San Fernando, uno de los edificios más emblemáticos de Madrid, abrió sus puertas el pasado mes de diciembre esta vez como Museo de Historia de Madrid. Con este flamante museo se recupera para la ciudad un edificio que ha sido a lo largo de la historia víctima de todo tipo de escarnios y avatares. Fue víctima de las mordaces y crueles críticas realizadas por el gran cronista de la villa Mesonero Romanos, se salvó del derribo de puro milagro y más recientemente, su fachada ha sido infinidad de veces víctima de todo tipo de actos vandálicos. Afortunadamente, todo aquello quedó en el olvido y, contra todo pronóstico, el viejo hospicio se ha convertido en el guardián de una parte del importante legado histórico y cultural de la ciudad de Madrid. Por este motivo, hemos dedicado el tema central de este número a este edificio por el que nos asomamos ya desde la portada de esta revista con la ilustración realizada por el artista Pedro Sega, comenzando así nuestro recorrido por Madrid y su comunidad.



Comenzamos un nuevo año y enero marca el punto de partida para todos nosotros. Es tiempo de hacernos buenos propósitos, de tener nuevas esperanzas y planear nuevos proyectos. Con esta premisa, en este número hemos seleccionado dos proyectos madrileños inacabados y que no tienen visos de ver la luz, por lo menos en un futuro próximo. El primero está relacionado con una de las dos construcciones que se mantienen en pie del complejo palaciego del Buen Retiro, se trata del Salón de Reinos, el viejo Museo del Ejército que tras su desmantelamiento mantiene sus puertas cerradas por tiempo indefinido, un maravilloso edificio del que se espera que se convierta en uno de los espacios expositivos del Museo del Prado.
Otro proyecto inacabado es la Catedral de Justo, situada en el municipio de Mejorada del Campo. Se trata una obra titánica que lleva construyéndose desde hace más de cuarenta años por un solo hombre, Justo Gallego, un verdadero quijote de nuestro tiempo.

En este número también descubriremos el Madrid más salvaje de la mano del biólogo Antón Pérez que de forma amena y divertida nos habla de un curioso habitante de nuestros bosques, el corzo.
La cultura, el ocio y el espectáculo también está presente en este número con una cuidada selección de estupendos personajes a los que hemos entrevistado, todo ello amenizado con una banda sonora de lujo, la de La Unión, la mítica banda liderada por Rafa Sánchez que acaba de cumplir treinta años y, como no podía ser de otra manera, nos hemos unido a esta celebración.

Estrenamos esta temporada esperando que sea un fantástico año para todos.