Hard Rock Cafe Madrid cumple 20 años en la ciudad de Madrid y una de las acciones que ha organizado con motivo de esta celebración es la inauguración del Paseo de la Música que, con la colaboración de la Junta Municipal del Distrito de Salamanca, han llenado las calles con los nombres de las estrellas de la música española. Alaska, La Unión, Loquillo, Miguel Bosé, Obús o Los Secretos son, por citar algunos, los nombres de las estrellas de este Paseo de la Música, por ahora provisional pero que no se descarta que se instale de forma permanente en un futuro cercano. 


Todos los artistas se han mostrado entusiasmados y han expresado su ilusión por poder tener un día sus estrellas de forma permanente cerca de Hard Rock Cafe Madrid. Además, aunque pertenecen a estilos y a generaciones diferentes “todos están unidos por la música” como apunta el legendario Rafa de La Unión. Las bandas han manifestado su alegría y orgullo a los asistentes por su presencia en este “Walk of Music” Madrileño: “Se nos han puesto los pelos de punta aunque no lo notéis” bromeaba el gran Carlos Escobedo de Sôber, “¡No tenían que quitarlas nunca!” exclamaba entusiasmado el Fortu; “Es un honor ser pisoteado por los madrileños” reía Nacho Vega. Los geniales Moha de Mägo de Oz y David Summer de Hombres G, aprovechaban este honor para pedir más apoyo para la música y para este tipo de iniciativas a favor de los artistas. 


El Paseo de la Música permanecerá en los alrededores de Hard Rock Cafe Madrid hasta el jueves 27 como un tributo a las grandes bandas nacionales e internacionales que de una manera u otra forman parte de la ya larga historia del local. Además, muchas de las bandas que han asistido a la inauguración tocarán en directo en la Fiesta de Aniversario que se celebrará por todo lo alto el día 25 en el local y que, como no podía ser de otra manera, allí estaremos y os lo contaremos. 


EMNMM Noviembre

Por Ramón J. | 10/31/2014 | 0 comentarios »


Hubo un tiempo, no muy lejano, que en Madrid se celebraba el Día de Difuntos, una festividad de recogimiento, solemne y, en ocasiones, tétrica en la que las gentes acudían en tan señalada fecha a los cementerios para depositar unas flores en las tumbas de sus seres queridos. Durante esta festividad, en los teatros y en la televisión el Tenorio se empleaba a fondo para conquistar a una joven y atractiva monja. En las pastelerías se vendían buñuelos y una especie de canutillos muy dulces y deliciosos llamados huesos de santo y, los más morbosos, narraban a sus seres queridos historias de aparecidos, de almas en pena que vagando por las calles reclamaban la justicia que vida no habían encontrado.

Como decía anteriormente, todo esto era lo que ocurría en la festividad de Difuntos pero todo eso cambió. Nunca supimos ni cómo ni cuándo, ¿fue de repente? Lo cierto es que hoy a esta festividad la llaman Halloween o “jalogüin”. Las chuches y los pasteles con formas monstruosas van comiendo terreno a los tradicionales buñuelos y huesos de santo. El Tenorio continúa dando la matraca a la monja en algún teatro que, heroicamente, se resiste a no perder las tradiciones, pese a que la gente prefiere irse de fiesta disfrazada de seres del Averno mientras las calabazas con sonrisa amenazante se multiplican por toda la ciudad.

Los tiempos cambian y quién sabe qué nuevas celebraciones incorporaremos a las nuestras o qué celebración exótica fagocitará a las autóctonas… Sólo hay una cosa que nunca cambia, la política española, que sigue siendo idéntica a la que retrató Larra en su Noche de Difuntos.

Si bien es cierto que nuestra tradicional fiesta de Difuntos ha dejado de ser tétrica gracias Halloween, no menos cierto es que todavía somos muchos a los que esto del “jalogüin” nos sigue sonando exótico, aunque queramos o no, al final, todos caemos y hacemos nuestra esta festividad americanizada. Por este motivo, el tema central de este número está dedicado a una de las casas encantadas que hay en Madrid, llamemos a su puerta y digamos... ¿Truco o Trato?




Un 17 de octubre de 1919 el rey Alfonso XIII estrenaba e inauguraba la primera linea de metro de Madrid, ese día fue sin lugar a dudas, el inicio de un proyecto de futuro que cambiaría para siempre la forma de vida de los madrileños. 

La inauguración se realizó con toda la pompa y solemnidad que requería este proyecto y con la presencia del rey y la de numerosas personalidades como la infanta Isabel, el Marqués de Torrecilla y la duquesa de Talavera, entre otros.

La inauguración comenzó a eso de las tres de la tarde, cuando hizo acto de presencia el rey. Tras los saludos y la interpretación de Marcha Real por la banda de música del Asilo de la Paloma, el monarca entró en la estación de Cuatro Caminos para reunirse con el obispo que le esperaba paciente en el andén a la espera de dar la bendición, un ritual religioso que se hacía de forma oficial en el pasado. Una vez llegado el primer vagón de metro los asistentes entre vivas y aplausos recibieron con alegría y expectación este nuevo ingenio de la tecnología, posiblemente ajenos a la repercusión que tendría este sistema de transporte en el futuro de la ciudad.

Tanto el rey como algunos de los asistentes a la inauguración disfrutaron de aquel primer recorrido de 3.497 metros por el subsuelo madrileño, pasando por las ocho estaciones con las que contaba aquella primera línea y a una velocidad un poco inferior de lo habitual, dicen las malas lenguas que para garantizar la seguridad del monarca.

El éxito fue tal que al año siguiente de su inauguración la red de metro comenzó a crecer no solo en kilómetros, también en número de usuarios pues en 1920, el flamante metro madrileño tuvo nada más y nada menos que ¡14 millones de pasajeros! Con el paso del tiempo el metro se extendió de forma considerable y ya en 1935 contaba ya con dos líneas: la 2 que fue ampliada e iba de Cuatro Caminos hasta Ventas y la línea 1 que iba de Tetuán a Puente de Vallecas. 

En 1936 el metro, que parecía que se iba a extender sin control por todo Madrid, sufrió un dramático parón debido al estallido de la Guerra Civil. Durante el conflicto el metro fue utilizado por los madrileños para desplazarse por la ciudad y  para algo para lo que nunca fue concebido, para proteger a los madrileños de los continuos bombardeos que sufrió la ciudad durante los tres largos años de guerra.

Hoy el metro de Madrid cumple 95 años siendo uno de los mejores metros del mundo, cuenta con 12 líneas y ramales, 300 estaciones, 26 intercambiadores, 1.694 escaleras mecánicas, más de 8.000 cámaras de vigilancia, 519 ascensores y 293 kilómetros de red. Es el transporte más rápido, seguro y económico de la capital y ¡sigue creciendo! no sólo en extensión, también en el número de pasajeros, en el último año fue utilizado por más de 500 millones de personas.



Andén 0, el museo del metro

Aunque en la actualidad ninguna de las estaciones existentes mantiene su decoración original, debido a las sucesivas reformas que han usurpado todo el “glamour” retro de antaño, hay una excepción, se trata de la estación de Chamberí, más conocida por “la estación fantasma” que dejó de utilizarse en 1966 y que en 2008 abrió sus puertas como museo  tras un proceso de restauración. Esta estación fue diseñada por el arquitecto Antonio Palacios y todavía conserva su estructura original y algunos coloridos azulejos de anuncios publicitarios. 

Han pasado 95 años desde la inauguración del metro de Madrid y esperamos que cumpla muchos más, que siga ampliándose la red, que sea más barato, que abra por las noches y que dejen entrar a los perros de una vez.



Enlaces relacionados:





Fuentes: 

Metro Madrid


La Vanguardia 18/10/1912



Lo lograron

Por Ramón J. | 10/10/2014 | | 2 comentarios »

Una vez más el Museo de Cera de Madrid no nos ha defraudado, llenándonos de orgullo y satisfacción con la presentación de su nuevo fichaje, la Princesa de Asturias, Leonor de Borbón.


Como se puede apreciar en la foto, la figura se da un aire a la principesca niña, aunque su apariencia infantil no sea excusa para que su mera contemplación produzca un escalofrío que te recorre el cuerpo de la cabeza a los pies. Terrorífica, es la palabra que se me ocurre para calificar esta nueva pieza del museo que estoy seguro que hará las delicias de los visitantes, sobre todo en Halloween.

La postura de la niña, su mirada y la siniestra mueca o rictus que parece insinuar una sonrisa diabólica, contrasta con las otras dos figuras que le acompañan, un astringido Felipe VI y una extraña y tiesa figura que dice representar a Letizia.


Con esta nueva incorporación el Museo de Cera de Madrid ha logrado una vez más sorprender a los madrileños y seguramente al mundo entero, demostrando ser fieles a sus principios, a los que han hecho de este museo un lugar especial al que muchos amamos e idolatramos, pese a que rara sea la figura que se parece al personaje que pretende representar... ¡ese es el secreto!


Fotos: Museo de Cera y Libertad Digital



EMNMM Octubre

Por Ramón J. | 10/01/2014 | 0 comentarios »




Desde la Edad Media, e incluso antes, la región de Madrid ha sido tierra de paso para las diferentes culturas que han pasado por España, su situación estratégica, en medio de la península ibérica, ha hecho que también sea tierra de paso para migración de norte a sur y de sur a norte del ganado, especialmente ovino, en lo que se denomina como la Trashumancia, una migración que dejó de ser productiva ya en el siglo pasado y que hoy, con las modernas técnicas de ganadería ha dejado de existir. Sin embargo, la importancia histórica y cultural de estas rutas para la migración del ganado queda reflejada en la inmensa red de vías pecuarias que se extienden por todo el país y muy especialmente las Cañadas Reales.

Por la región de Madrid pasan cuatro de las diez cañadas reales que cruzan España, una de ellas  por el mismo centro de la capital, se trata de la Cañada Real Galiana que pasa por lugares tan emblemáticos como la calle de Atocha, la Puerta del Sol o la calle de Alcalá. Por estas mismas    calles, desde hace veinte años, diversas asociaciones culturales y ganaderas, organizan una fiesta reivindicativa conocida como la Fiesta de la Trashumancia que se organiza en el mes de octubre y que, por un día, Madrid recupera su esencia de pueblo castellano gracias a la invasión de cientos de ovejas merinas para sorpresa de propios y extraños. La aparición de las ovejas en pleno centro de la ciudad es uno de los espectáculos más curiosos y provoca todo tipo de reacciones, especialmente en algunos niños, pequeños urbanitas que no han visto una oveja en su vida.

Pese al carácter festivo de este evento, la Fiesta de la Trashumancia es también un acto reivindicativo que sirve no sólo para recordar la importancia histórica de las cañadas reales y vías pecuarias, también para recordar a las administraciones su deber de proteger y conservar estas rutas de extrema importancia para la cultura y el medio ambiente. Por este motivo el tema central de este número lo hemos dedicado a este arte ancestral que es la Trashumancia.