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En el post anterior hablaba de los desaparecidos concursos de belleza que se celebraban durante las fiestas de la Virgen de La Paloma, unos concursos que hicieron de muchas mujeres anónimas, personajes muy populares que, en algunos casos, pagaron su popularidad a un precio muy alto, el de su propia vida, este es el caso de Carmen Martínez González “La Lucena”.


En agosto de 1928 una joven de familia humilde del barrio de La Latina se presentó al concurso de belleza que se celebraba durante las fiestas de la Virgen de La Paloma. Carmen, que es así como se llamaba la chica, no tenía ni la más remota idea de que aquel concurso cambiaría su vida, tampoco tenía muy claro si ganaría el concurso, esperanzas no le faltaban ni tampoco belleza y desparpajo.

El 14 de agosto se celebró en concurso de belleza, al que acudieron las chicas más guapas de La Latina que deseaban ser las más bellas del barrio, entre ellas estaba Carmen Martínez que, acompañada por su madre, intentaba disimular los nervios y mostrar su mejor sonrisa al jurado. Finalizado el concurso y tras unos minutos que a Carmen le parecieron siglos, el jurado dio su veredicto y Carmen Martínez fue nombrada Reina de la Belleza del barrio de La Latina 1928.

La alegría y la emoción embargaron a Carmen y a su orgullosa madre, no tanto a las demás participantes que envidiaban a la flamante ganadora. Carmen, junto a las damas de honor, Pilar Aguirre, Manolita de las Heras y Juanita Fretincky, posaban para los fotógrafos de la prensa con la ilusión de verse retratadas en los periódicos de la mañana siguiente luciendo sus mejores galas y envueltas en vistosos mantones de Manila. 

Carmen Martínez posando junto a las damas de honor 1928

Desde aquel día la vida de Carmen dio un giro radical, los pretendientes le salían hasta de debajo de las piedras y los empresarios del mundo de la farándula llamaban a su puerta para ofrecerle trabajo en el mundo del “artisteo”. 

Carmen tenía pocas opciones para prosperar en aquel Madrid de los años veinte, una de ellas era encontrar un marido con posibles, otra mantener un mísero puesto de trabajo hasta encontrar un buen marido o bien aceptar una de esas suculentas ofertas de trabajo en un cabaret que le ofrecían desde que ganó el concurso de belleza. La joven finalmente accedió a trabajar como artista. Estaba desbordada por la situación y encandilada por la vida nueva que le esperaba, una vida llena de aventuras recorriendo España y, como los marinos, dejando un amor en cada puerto, en este caso en cada teatro, cabaret y sala de fiestas.

Acabaron los libertinos años veinte y llegaron los agitados años treinta. Ajena a la convulsa situación política y económica del país, Carmen disfrutaba de su ajetreada vida como artista de varietés, ya era conocida en los ambientes como “La Lucena” y lucía palmito por los cabarets de toda España. 

Carmen no estaba sola en su carrera artística, su madre la acompañaba a todos los lados. Las madres de las artistas, sobre todo en aquella época, siempre han sido el apoyo moral de sus hijas y muy efectivas a la hora de espantar admiradores, mucho más eficaces que un guardia civil con bigotes y todo. La madre de Carmen cumplía todas estas funciones pero vivía con cierto temor los juegos amorosos de su hija que, cegada por su éxito, mantenía con los hombres que iba conociendo.

En Valencia Carmen conoció a Luis, un joven de buena posición que se enamora locamente de ella. En numerosas ocasiones le plantea retirarla del perverso mundo del cabaret. Carmen y su madre aceptan de buen grado las proposiciones del joven valenciano pese a que no renuncia al espectáculo. Luis acepta de mala gana los deseos de Carmen y se resigna a mantener una relación amorosa con ella a la espera de que cambie de opinión y retirarla definitivamente de la vida nocturna.
Acabado su contrato en Valencia, Carmen acepta otro contrato para actuar en un cabaret de Vigo durante 15 días. Se traslada a la ciudad gallega y allí conoce a José Catá, un comerciante peruano, casado, que encandila a Carmen con sus muestras de cariño y su dinero, pagando todos sus gastos y agasajándola con regalos a cambio de que sólo viva para él y que se retire del mundo del cabaret.
Carmen, encantada con las muestras de afecto de José y creyendo controlar sus “artes de seducción” entra en un juego peligroso y mantiene una relación más interesada que amorosa con el peruano.

Julia, que es así como se llamaba la madre de Carmen, no veía con buenos ojos el juego de su hija, en numerosas ocasiones la intenta convencer de que ese hombre no le traería nada bueno. Carmen ignora las advertencias de su madre, sentía que podía manejar aquella situación, que podía hacer con los hombres lo que quisiese pero para Julia las cosas estaban tomando un cariz preocupante. 

Pasaban los días en la ciudad de Vigo y Carmen vivía totalmente despreocupada mientras que su madre observaba aterrada el extraño comportamiento del peruano. Según ella, era un hombre reservado y callado que ante cualquier contrariedad se echaba las manos a la cabeza apretando con todas sus fuerzas como si sus propios pensamientos le hiciesen daño, ese comportamiento aterrorizaba enormemente a Julia, mucho más cuando veía como se echaba a llorar desconsoladamente ante las amenazas de abandono que Carmen usaba para lograr sus caprichos.

En julio de 1934 Carmen y su madre volvieron a Madrid, las dos mujeres vuelven a su casa de la calle Rosario pero Carmen la abandonó al poco tiempo de su llegada para encontrarse con un hombre, esta sería la última vez que Julia, la madre de la artista, vería a su hija con vida.

A las diez de la noche del 5 de agosto de 1934, se recibió una llamada telefónica en el Juzgado de Guardia del distrito de Palacio, la llamada fue realizada por el propietario del Hotel del Norte que estaba situado en el número 1 Paseo de la Florida, alertando de un terrible suceso ocurrido en la habitación 54 de dicho hotel.
La policía no tardó mucho en llegar al hotel, allí fue donde encontraron sobre una cama de matrimonio el cuerpo desnudo y ensangrentado de una mujer con cuatro impactos de bala. A los pies de la cama había otro cuerpo, era el de un hombre medio desnudo con un orificio de bala en la cabeza.

Lugar donde ocurrieron los hechos

Aquellos cuerpos ensangrentados eran los de Carmen Martínez y el peruano José Catá. Después de la correspondiente investigación policial, se calificó aquella matanza como un “crimen pasional”. Al parecer, Carmen acudió a la llamada de José que había venido a Madrid para pasar unos días con ella, Carmen aceptó la proposición y pasaron unos días juntos en el hotel como si fuesen una pareja de recién casados. Unos días después Carmen recibió la llamada de Luis, el novio que meses antes había dejado en Valencia, avisando de su inminente llegada a Madrid para reunirse con ella.
Carmen, que hasta aquel día creía que podía controlar la situación y manejar a los hombres a su antojo estaba desbordada, así que decidió cortar por lo sano y le dijo a su amante peruano que aquella relación había terminado definitivamente. Sin querer aceptar los deseos de su “amada”, fuera de control y encolerizado, José sacó una pistola y disparó a sangre fría al cuerpo desnudo de Carmen.


Carmen en el depósito (Foto: Santos Yubero)

El amante asesino, al ver el cuerpo ensangrentado de Carmen sobre la cama, quién sabe si llevándose las manos a la cabeza y apretando de forma violenta como solía hacer cuando las cosas no eran de su agrado, decidió quitarse la vida allí mismo, se acercó la pistola a la sien y de un solo disparo puso fin a su vida, dejando un rastro de sangre y horror.

El asesino (Foto: Santos Yubero)

Al día siguiente en Madrid se celebraron las fiestas en honor a la Virgen de la Paloma, con su verbena, sus farolillos de colores y su tradicional concurso de belleza, el mismo que seis años antes había ganado Carmen Martínez y que cambió su vida radicalmente sin sospecha alguna de su destino final.

Las ganadoras de aquel concurso de belleza de 1934 son las que aparecen en la foto del post anterior.




Fuentes 

La Libertad 1928
Diario La Luz 1934
Mundo Gráfico 1934
Crónica 1934

Muy cerca de la Gran Vía hay una calle llamada Antonio Grilo, en el número 3 se encuentra una casa que tiene la triste fama de ser una “casa maldita”, como la llamó la prensa en el pasado por la cantidad de crímenes horribles cometidos en ella pero, si buscamos un poco en la hemeroteca, descubrimos que no sólo la casa está maldita, la calle entera lo está y eso que es una de las más cortas de Madrid.

La Casa Maldita

Como decía al principio, en el número 3 de la calle Antonio Grilo se encuentra una típica casa del siglo XIX, en un piso de la primera planta, en noviembre de 1945, un señor apareció asesinado a golpes y en avanzado estado de descomposición, parece ser que el móvil del crimen fue el robo.
En este mismo edificio, pero en mayo de 1962 un hombre que parecía un tipo normal y corriente, al que los vecinos calificaban como un hombre de conducta intachable, asesina con un martillo, un cuchillo y una pistola a su esposa y sus cinco hijos. No contento con ello, fue sacando uno a uno los cuerpos mutilados y asesinados de sus hijos al balcón, enseñándolos al público que horrorizados contemplaban la escena.
El asesino quiso acabar con su vida de un disparo en la cabeza pero no lo logró. Más tarde pidió a la policía que acudiese a él un sacerdote para que le diese la extremaunción antes de intentar acabar con su vida por segunda vez, cosa que no logró, lo que no contaba es que el sacerdote se negó rotundamente a darle los santos sacramentos ya que un suicida no podía recibirlos.

Se dijo que el asesino hizo aquello producto de una enajenación mental, pero nunca se supo el motivo por el que un hombre de vida familiar y tranquila pudo a cometer semejante barbaridad, lo único que dijo aquel día es “los he matado para no matar a otros canallas”.

Cuando parecía que la tranquilidad volvía al edificio de la calle Antonio Grilo, dos años más tarde, volvería a estar en los titulares de la crónica negra madrileña. En 1964, una vecina del tercer piso, sin motivo aparente, si es que lo puede haber en este caso, estranguló a su bebé y lo metió dentro de un cajón del armario hasta su descubrimiento por la policía. La prensa de la época no tardó en denominar a este edificio “la casa maldita”, y no sin razón.

El historial sangriento de la casa del número tres de Antonio Grilo ha cesado, afortunadamente pero, buscando información en la hemeroteca sobre estos casos, me he sorprendido al ver la cantidad de desgracias que han sufrido los habitantes, no sólo de la casa maldita, sino ¡toda la calle! Estos son algunos de los sucesos trágicos que han ocurrido a los habitantes de esta calle, sólo unos pocos, hay muchos más que no he puesto por diversos motivos.

Sucesos

Mayo de 1910, un señor de 47 años, vecino de la calle Antonio grilo, en un “acceso de locura” se tiró por la ventana de un quinto piso, muriendo en el acto.

Junio de 1913, un niño, vecino de la calle Antonio Grilo, iba subido en un burro cuando un carro le arrolló en la misma calle.

Diciembre de 1913, un vecino de la calle Antonio Grilo es atropellado por un tranvía, dejándole en estado grave.

Enero de 1915, un joven de 15 años, de la calle Antonio Grilo, se suicida tirándose al vacío desde el Viaducto, muere en el acto.

Octubre 1923, un joven de 14 años con domicilio en la calle Anotio Grilo es atropellado por un coche resultando herido grave.

Diciembre 1927, un niño que vivía en la calle Antonio Grilo es atropellado por un coche en la misma calle.

Octubre de 1928, un volquetero y una anciana son atropellados en la calle Antonio Grilo, el volquetero falleció.

Mayo de 1933, una vecina de la calle Antonio Grilo falleció debido a la caída de una rama en un repentino vendaval en la Casa de Campo. Ese mismo día, un señor, también de la calle Grilo resultó herido por ¡otra rama! en ese mismo vendaval.

Abril de 1962, un joven de la calle Antonio Grilo choca con su bici con otra que estaba parada en la calle resultando herido grave.

Febrero de 1963, una pareja que vivía en la calle, Antonio Grilo sufren un accidente de moto, resultando heridos.

Octubre de 1965, una mujer con domicilio en la calle Antonio Grilo, es arrollada por una moto que le produjo diversas heridas.

Otros sucesos extraños

Julio de 1909, una mujer paralítica se entera de que su marido tiene un amante que vive en la calle Antonio Grilo y sin pensarlo dos veces, se presenta en casa de la amante y le rocía con vitriolo, por suerte la amante pudo esquivar el corrosivo líquido.

Marzo de 1911, dos niños de diez y seis años son atacados por un hombre, a uno de ellos le puso un pañuelo en la boca con cloroformo para después robarle la ropa.

Marzo de 1915, una pareja que paseaba por la calle Antonio Grilo se topan con un hombre que, sin mediar palabra, se acerca al hombre y le mata degollándole.

Enero de 1926, en unas calles de Madrid aparecen los restos descuartizados de un recién nacido, en la calle Antonio Grilo aparece un trozo de jabón y papeles con sangre del bebé, lo que apunta a que el asesino habitaba en esta calle.

Abril de 1926, en una taberna de la calle Antonio Grilo se produce una trifulca entre tres individuos y el camarero, que era sordo, todo era parte de una broma pero, al salir del bar los bromistas se chocan un transeúnte que sin mediar palabra se lía a navajazos con ellos.

Marzo 2004, un ciudadano francés que vivía en la calle Antonio Grilo es atacado por un marroquí con un machete en su propia casa.

Por si esto no fuera poco, en un bar de esta misma calle, uno de los asesinos más famosos de la crónica negra madrileña, Jarabo, estuvo la noche en la que cometió sus crímenes tomando copas en un bar... sí, un bar de la calle Antonio Grilo.

Fuentes:

ABC, El Sol y El Globo

De la reciente crónica negra madrileña destaca uno de los casos que más llamaron la atención a finales de los años ochenta, se trata de los crímenes cometidos por “El Legionario” en el tristemente famoso “Mesón del Lobo Feroz”.

Un caluroso 22 de agosto de 1987, Santiago S.J.P. madrileño, de 31 años, conocido por el apodo de “El Legionario” por haber estado un tiempo en La Legión, se encontraba trabajando en un bar - restaurante situado en el número nueve la calle Lucientes, en La Latina, muy cerca del Mercado de la Cebada. El local se llamaba El Mesón del Lobo Feroz y estaba regentado por “El Legionario” desde hacía poco más de un año.
Este siniestro personaje tenía fama de broncas e inestable, además, su adicción al alcohol no endulzaba precisamente su personalidad, sólo le convertía en el mejor cliente de su propio negocio y en un asesino en serie.

Aquel 22 de agosto, después de su jornada alcohólico/laboral, cerró el mesón relativamente pronto y se fue derecho a la calle de la Cruz, con el único fin de contratar los servicios de una prostituta.
El Legionario no tardó mucho en toparse con una joven prostituta llamada Mari Luz V. con quien pactó un servicio, y marcharon juntos rumbo al Mesón del Lobo Feroz. Allí, una vez dentro, el Legionario se preparó una copa, otra más, mientras la joven se desnudaba. En el momento de "entrar en materia", el Legionario, según su propia versión, entró en cólera al ver que no podría consumar el acto debido a su problema de impotencia. Según informes forenses, el Legionario era una persona con graves problemas mentales debido a una infancia difícil y una mala relación con su madre, que le provocaron serios trastornos sexuales, entre ellos impotencia.

De lo ocurrido aquel día sólo se sabe lo que el propio asesino contó a la policía. Dijo que tuvieron una discusión, que golpeó a la chica salvajemente mientras ella casi no ofrecía resistencia y, finalmente, el Legionario agarró un cuchillo jamonero con el que apuñaló una y otra vez en el pecho a la mujer. Cuenta el asesino que después de esto no recuerda nada más, sólo que debió perder el conocimiento hasta que, después de unas horas, despertó y se sorprendió al verse cubierto de sangre. El legionario, con toda frialdad, se adecentó como pudo, se preparó una copa, la bebió y se fue a su casa a dormir.

Al día siguiente el mesón estuvo todo el día cerrado al público, algo que a los vecinos del lugar no les molestaba en absoluto ya que, en numerosas ocasiones habían protestado por los ruidos y las broncas constantes que se producían en el mesón.

El Legionario no abrió el negocio pero sí acudió a el para limpiar el escenario del crimen. Todo el local estaba manchado de sangre y en el suelo, cosido a puñaladas se encontraba el cuerpo sin vida de Mari Luz. No se sabe si orgulloso, excitado o aterrado por lo ocurrido, Santiago, el Legionario, limpió minuciosamente todo el local, bajó al sótano con el cuerpo de la joven y cubriéndola con plásticos, ocultó el cadáver entre unas cajas de cervezas.

Después de aquella noche, el Legionario continuó con su rutina diaria hasta que, dos meses después, un 12 de octubre de 1987, haciendo honor al nombre del local que regentaba, el “lobo” salió de “caza”.

Actuando del mismo modo que la vez anterior, se fue a la calle la Cruz en busca de prostitutas, allí encontró a una de ellas, una mujer desconocida por su gremio, algunas prostitutas dijeron que se llamaba Teresa, otras Josefa. Se llamase como se llamase, la pobre mujer sufrió el mismo horror que su antecesora, acabó brutalmente asesinada y apuñalada con el mismo cuchillo jamonero, que ya se había convertido en el arma favorita del Legionario.

Pasaron los días, las semanas y Santiago mantenía su rutina diaria como si nada hubiese pasado, emborrachándose en su propio negocio y trabajando, ¡la de lonchas de jamón que habrán comido los clientes de aquel mesón ignorando que habían sido cortadas con el cuchillo jamonero! el mismo que dio muerte a las desgraciadas prostitutas.

Como no hay dos sin tres, y actuando como un verdadero asesino en serie, dos meses después del último crimen, Santiago, salió nuevamente de caza.
Era la madrugada del 22 de diciembre de 1987, otra vez en la calle Cruz, fue donde el Legionario contactó con Araceli F. una joven prostituta a la que ofreció 5.000 pesetas y el pago del taxi de vuelta por un servicio. Araceli accedió y se fue con él al Mesón del Lobo Feroz que, más que un mesón empezaba a ser un cementerio.

Una vez dentro del local, la historia se repetía de la misma manera. Ella se desnudaba, él se preparaba una copa y, en un determinado momento, Santiago va a la barra del bar, agarra el cuchillo jamonero y, lentamente, disfrutando del momento, se acerca a la víctima para apuñalarla pero, esta vez, los hechos no fueron los mismos. Araceli se enfrentó al asesino con gran fiereza y valor, en el forcejeo, para evitar ser apuñalada en el pecho, la joven agarró con las manos el filo del cuchillo, provocándole una terrible hemorragia. Araceli gritaba, pedía auxilio y luchaba con todas sus fuerzas. Con mucho esfuerzo pudo desarmar al Legionario que, más encolerizado que nunca, trataba de estrangular a Araceli.

Mientras todo esto ocurría, los vecinos, alarmados por el griterío llamaron a la policía que, afortunadamente, llegaron al mesón a tiempo para evitar un nuevo crimen.
Por raro que parezca, Santiago denunció a Araceli por intento de robo, dijo que ella había intentado robar en el local y, curiosamente, la policía le creyó.

Pese a todo, Santiago S.J.P. ingresó en prisión unos meses por este hecho concreto y, una vez puesto en libertad, se trasladó a vivir a una pequeña población madrileña y el Mesón del Lobo Feroz, escenario de aquellos crímenes, se puso en venta.

El nuevo propietario del mesón quiso darle un nuevo uso, así que contrató a unos operarios para la reforma del local. El 23 de enero de 1989, los obreros que trabajaban en la reforma, descubrieron de forma accidental un horrible hallazgo. En una de las paredes del sótano, aparecieron los restos momificados y envueltos con plástico de las prostitutas. Estaban emparedados, cubiertos con yeso y tela de arpillera. El susto de los operarios fue mayúsculo y rápidamente llamaron a la policía que no tardaron en relacionar las muertes con los hechos ocurridos dos años antes.

Los restos momificados de las prostitutas fueron llevados al Laboratorio de Antropología Forense de la Escuela de Medicina Legal de Madrid, allí, el prestigioso forense el Dr. Reverte Coma, analizó los cadáveres y determinó la edad, sexo, raza y fecha exacta de la muerte de las dos mujeres, así como el arma homicida, un cuchillo de un solo filo de 25 cm. de hoja.
De sus estudios pudo determinar también el perfil psicológico del posible homicida, un hombre que posiblemente padeciese un complejo de Edipo no resuelto, sádico, con problemas de alcoholismo, odio a las mujeres y que habría podido tener algún tipo de entrenamiento militar. El perfil se ajustaba casi como un guante a la personalidad de Santiago el Legionario, así que pronto fue localizado por la policía.

El asesino en los interrogatorios reconoció sus crímenes, finalmente fue juzgado y condenado a cumplir una condena de 75 años en prisión por dos homicidios y uno en tentativa.

¿Qué fue del asesino?

Santiago S.J.P. no llegó a cumplir la totalidad de la condena, por extraño que parezca, fue puesto en libertad por buen comportamiento y por los informes que aseguraban que estaba totalmente rehabilitado. En la actualidad vive en una ciudad del sur de España y lleva una vida aparentemente normal.

El Mesón del Lobo Feroz en la actualidad es un negocio dedicado al comercio textil.


Fuentes: El País, ABC

Fotos en B/N: El País

Estos últimos días, la siempre concurrida Puerta del Sol, es el escenario de un movimiento llamado 15 M que, según parece, pretende hacer un llamamiento a todos los españoles para que no voten a ningún partido político las próximas elecciones municipales y autonómicas. Precisamente ayer por la noche, el gobierno desalojó a los manifestantes que pretendían acampar allí hasta el fin de semana.

La Puerta del Sol es el epicentro de todo lo que ocurre en España, tanto para bien como para mal, esa es la razón por la que toda protesta que quiera ser oída ha de pasar por este lugar pero, esto no siempre fue así.
La Real Casa de Correos, hoy sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid, fue durante la dictadura franquista un edificio terrible conocido como DGSE, siglas de la Dirección General de Seguridad del Estado.

Durante el franquismo, no era nada recomendable atravesar esta puerta.

En sus sótanos se encontraban los calabozos que, según cuentan los que allí fueron encerrados, eran terribles. Las torturas y las palizas eran habituales en este lugar. En un principio, los detenidos no podían estar más de tres días encerrados allí pero, esto no siempre ocurría y la agonía de los presos se podía alargar muchos días más.

Ni que decir tiene que, en aquellos años de represión, estaba prohibido todo tipo de manifestación y mucho menos delante de la DGSE. A mediados de los años setenta las cosas cambiaron, Franco murió y la democracia llegó a España, incluso a este edificio que ha sido testigo mudo de infinidad de acontecimientos históricos.

Como curiosidad, en los calabozos de la DGSE estuvo preso José María Ruiz Gallardón, padre del actual alcalde de Madrid que, hace años tenía su despacho precisamente en este edificio, cuando era presidente de la Comunidad de Madrid, paradojas de la vida.

Más información en este estupendo post del amigo Bélok.

Dory es una chica mexicana que hace poco vino a Madrid, me envía un correo preguntándome por una gran cruz que hay en las inmediaciones del aeropuerto de Barajas, me pregunta si se trata de algún accidente aéreo.

Dory, esa cruz está ahí por unos hechos ocurridos hace 70 años que no tienen nada que ver con accidentes aéreos, a ver cómo lo cuento para no herir sensibilidades.

En España, en estos últimos años estamos viviendo una polémica que mete los dedos en una herida que parecía cerrada y no lo está, no es otra que la Guerra Civil. Todavía hoy hablar de este tema provoca encendidos debates e incluso, en casos extremos, se vuelve a resucitar el odio cainita, algo tan español como la tortilla de patata.

La cruz, como se puede ver en esta captura de Google Earth, es inmensa y está en una loma justo al lado de un grandísimo camposanto en Paracuellos de Jarama, muy cerca del aeropuerto de Barajas.
En esta otra captura he marcado con una línea roja el perímetro del cementerio.

No se trata de un cementerio normal, son siete grandes fosas donde reposan los restos de más de 3.000 personas.

Los hechos ocurrieron entre noviembre y diciembre de 1936, cuando las tropas de Franco se encontraban muy cerca de Madrid y el gobierno de la República, temiendo que los presos se uniesen al bando insurrecto, decidió acabar con ellos realizando las famosas sacas de presos de las cárceles para después fusilarles.

El caso de Paracuellos podemos denominarlo genocidio, en él tuvieron mucho que ver agentes soviéticos. Algunos autores afirman que fue idea de agentes de Stalin, otros directamente señalan a Santiago Carrillo, político comunista que en aquellos días perteneció a la Junta de Defensa de Madrid como máximo responsable de la matanza.
Sobre la responsabilidad que tuvo Carrillo en este episodio hay muchas teorías, él mismo, hace unos días dijo que si tuvo alguna responsabilidad en aquella matanza fue la de no poder evitarla.

Las cárceles de donde procedían los presos asesinados eran la Cárcel Modelo, Porlier, San Antón y la de Ventas.

Los presos pertenecían a diferentes organizaciones católicas, monárquicos, militares insurrectos a la República, escritores, periodistas, religiosos y católicos.

Otro hecho terrible fue que después de la guerra, durante la dictadura, los habitantes de Paracuellos tuvieron que soportar el estar marcados por un hecho del que no eran culpables.

Dory, esto es un resumen de lo que ocurrió allí, muchas gracias por ponerte en contacto conmigo y espero haber despejado tus dudas.

Como ya he dicho antes, este tema es muy espinoso, he estado tentado de no escribir esta entrada porque puede herir sensibilidades. Aquella guerra y la dictadura posterior debe servir para avergonzarnos, no para volver a enfrentarnos.




El vídeo corresponde a una escena de la película de David Trueba, Soldados de Salamina, basada en la novela de de Javier Cercas. Esta escena de la película creo que se ajusta perfectamente a la idea que quiero trasmitir.

Al final de la Guerra Civil, un miliciano canta un pasodoble, Suspiros de España. Justo en el momento en el que el nombre de Dios (palabra prohibida) va a ser nombrado, otro miliciano increpa al soldado para que se calle y vuelva a la garita.
Desde una celda cercana, los prisioneros, nacionales, se ríen de esta anécdota. Entre ellos Rafael Sánchez Mazas, escritor e ideólogo de la Falange que precisamente salva su vida gracias al miliciano que canta.

Esta explicación debería sobrar pero ya que este es un tema todavía provoca escozor en heridas que se suponían cerradas, qué mejor que esta preciosa escena de la película que dice tanto en tan poco tiempo.

Pasear por el Templo de Debod y sus alrededores ahora en verano y en cualquier época del año es un verdadero placer, es un lugar donde la gente viene a charlar, a pasear y los enamorados a disfrutar de los atardeceres más bonitos de todo Madrid.
Con este panorama nada hace pensar que aquí, un caluroso día como hoy de hace 72 años, se produjo un terrible acontecimiento al inicio de la Guerra Civil, uno de los primeros baños de sangre que viviría la ciudad de Madrid.

En el lugar que hoy ocupa el Templo de Debod, se encontraba el Cuartel de la Montaña, un inmenso edificio de ladrillo y granito construido en 1860 que podía albergar 3.000 soldados de infantería. Tenía forma rectangular y dos grandes patios interiores.

El 18 de julio de 1936 se produjo el alzamiento militar por parte del general Franco, el fantasma de la guerra, anunciada y alentada por políticos de derecha y de izquierda, se apoderaba de Madrid, pese a que muchos pensaban que este alzamiento militar sería uno más de los gravísimos sucesos que los madrileños y todos los españoles de aquella época padecían un día sí y otro también y que no tendría las fatales consecuencias que todos conocemos.

El 19 de julio de 1936, el general Fanjul entra en el cuartel y se pone al frente de la insurrección en Madrid, cuenta con el apoyo de 150 jefes y 1.400 soldados y voluntarios, ese mismo día, dicta un bando de guerra en el que, entre otras cosas, dice:

"El ejército español, dispuesto a salvar España de la ignominia y dispuesto a que no le sigan gobernando bandas de asesinos y organizaciones internacionales, toma por breve plazo la dirección política de España con el exclusivo objeto de mantener el orden público y el respeto a la propiedad y las personas. Exhorto a los obreros a que mantengan una actitud patriótica de acatamiento porque este movimiento tiende, en primer término, a librarnos de la dictadura de los hombres que os rigen y que os están sumiendo en la mayor miseria"

Y termina diciendo:

"Viva España, viva la República, viva el Ejército"

La insurrección de Fanjul y la toma del Cuartel de la Montaña, genera una gran exaltación en la población de Madrid que produjo una movilización espontánea de muchos civiles, además de militares leales a la República, guardias civiles y la Guardia de Asalto que acudieron a las inmediaciones del Cuartel de la Montaña para acabar con la sublevación.
En los edificios de los alrededores se instalaron ametralladoras y dos cañones se colocaron a pocos metros apuntando al cuartel.

El asedio al cuartel comienza con los primeros tiroteos a la fachada y con los mensajes emitidos por altavoces instalados en la zona con el fin de desmoralizar a los insurrectos. Poco después, un avión lanza octavillas sobre el cuartel que instan a los militares a la rendición. Más tarde, otro avión lanza una bomba que cae justo en el centro de uno de los patios provocando muchos daños.

Los ánimos de los militares sublevados comienzan a decaer y algunos de ellos deciden rendirse, en una ventana cuelgan una bandera blanca y unos pocos militares, los primeros en rendirse, salen corriendo del cuartel, en ese momento parte de la multitud que se encuentra fuera del cuartel dispuestos a acabar con aquella insurrección intenta adentrarse en el cuartel pero son atacados por fuego de ametralladora, provocando la ira de la muchedumbre.

Los militares sublevados al ver como se van desarrollando los acontecimientos se sienten totalmente desmoralizados, saben que no podrán resistir el asedio sin ayuda exterior y las noticias que vienen de Barcelona que hablan de la derrota de los insurrectos en aquella ciudad no hacen más que minar su ya baja moral.

Poco a poco, los militares sublevados se empiezan a rendir, una vez más, en las ventanas del cuartel cuelgan varias banderas blancas, en ese momento, la Guardia Civil aprovecha, se pone en marcha y entra en el cuartel, tras ellos, cientos de exaltados que, finalmente toman el cuartel, una toma en la que reina el caos, el desconcierto y la brutalidad.

La toma del cuartel se saldó con más de 300 muertos, el general Fanjul es apresado y posteriormente juzgado y fusilado.

Hay dos detalles en este acontecimiento realmente curiosos y terribles, uno de ellos es que ninguno de los sublevados muertos en el cuartel fue reclamado por sus familiares. El otro detalle es una narración de un periodista de la época que cuenta que una vez tomado el cuartel, pudo ver en su interior como un niño de 14 años apuntaba con una pistola a un capitán que iba con los brazos en alto.

Después de este episodio, la población tenía la esperanza de que la sublevación no pasase a mayores, nadie pensaba que la República, que estaba prácticamente muerta y enterrada desde hacía tiempo, tuviera los días contados ni que tendrían que sufrir tres largos y espantosos años de guerra.

En 1972 se inauguró el bonito parque que existe en la actualidad en el solar que ocupaba el Cuartel de la Montaña, una placa en un trozo de granito recuerda que en este mismo lugar se encontraba el cuartel de la Montaña y a pocos metros, un monumento obra de Joaquín Vaquero, se alza en recuerdo a los hombres que murieron en su defensa, hay que recordar que este monumento se hizo en 1972 y Franco, muy mayor y cascado todavía dirigía con mano dura la vida de los españoles.

El monumento es bastante feo, es un muro que simula una pared de sacos terreros y en el centro hay una figura humana en bronce.


Las fotos en B/N pertenecen al Archivo Rojo.

Veinte minutos después de las once de la mañana del 12 de noviembre de 1912, un hombre se paraba a contemplar los libros expuestos en el escaparate de la librería San Martín situada en la Puerta del Sol.

Tras él, apareció un tipo de unos 32 años, rubio, con bigote, vestido con un traje azul y un abrigo gris que, sin mediar palabra, sacó un revólver y disparó tres tiros al señor que contemplaba los libros expuestos en el escaparate de la librería.

Después vino el tumulto, varios policías intentaron capturar al autor de los disparos, gritos, carreras, más disparos y el autor del crimen se suicidaba a pocos metros de su víctima.

Se acababa de producir un magnicidio, el desdichado que contemplaba los libros de la Librería San Martín no era otro de D. José Canalejas, presidente del Consejo de Ministros y líder del Partido Liberal, uno de los más valiosos políticos de la época y gran defensor de la libertad.

El asesino era Manuel Pardinas, un anarquista de pasado oscuro que posiblemente era la mano ejecutora de un complot para asesinar al Rey y al primer ministro. Como suele ocurrir en estos casos, las especulaciones produjeron todo tipo de ideas conspiranoicas, algunas hoy todavía sin aclarar.

El asesinato de Canalejas provocó una gran conmoción en España, era un político realmente comprometido, de gran valía, que se había ganado el respeto y la admiración en muchos sectores de la sociedad.
Tuvo un solemne funeral y sus restos fueron trasladados al Panteón de Hombres Ilustres, donde descansan bajo una magnífica obra escultórica de Mariano Benlliure.

Hoy la librería San Martín es una tienda de ropa, nada recuerda aquel trágico suceso, excepto una placa oscurecida por los años en la que se recuerda a Canalejas.


El siguiente vídeo narra de forma resumida las políticas realizadas por Canalejas, además de una recreación del asesinato que nos pone imágenes a un lugar por el que pasamos miles de veces.


Si caminamos, sin prisas, por Madrid, podremos observar, en muchos edificios, unas placas informativas colocadas por el Ayuntamiento en las que, de una forma muy abreviada, nos informan de alguna característica importante del edificio o de un determinado hecho histórico ocurrido en ese lugar.

Muchos edificios de Madrid esconden tras sus muros todo tipo de historias, algunas hermosas y otras realmente terribles. Precisamente de éstas, de las historias terribles, esas que no figuran en las placas, irán apareciendo en este blog, en una nueva sección que se llamará: Madrid Tremebundo.

La Checa del Cine Europa

En el número 150 de la calle Bravo Murillo podemos encontrar un interesante edificio construido en 1928 por el arquitecto Luis Gutiérrez Soto. Se trata de un edificio que combina lo funcional y lo racional con una clara influencia del expresionismo alemán.
Lo que comenzó siendo un cine, El Cine Europa, después de muchos avatares históricos, ha llegado a nuestros días, convirtiéndose en una tienda de saneamientos.

La gente que compra allí sus sanitarios, o la gente que pasa al lado de su bonita fachada, poco o nada pueden sospechar sobre las terribles historias que guarda este lugar.

En el Cine Europa, el 2 de febrero de 1936, se presentó oficialmente, el himno falangista, Cara al Sol, fue allí donde se cantó por primera vez. Por otra parte, también en este mismo cine, el 10 de abril de 1936, el comunista José Díaz, junto con Largo Caballero, dieron un discurso en el que calentaban los ánimos, ya bastante caldeados en aquella época, con un incendiario discurso en el que se decían cosas como: “Nosotros somos republicanos, y nuestra finalidad es una República como la de la Unión Soviética”

Incluso Largo Caballero en un mitin el 13 de enero de 1936, también, en este mismo lugar dijo: “Antes de la República, nuestro deber era traer la república; pero, establecido este régimen, nuestro deber es traer el socialismo. Y, cuando hablamos de socialismo, hay que hablar de socialismo marxista, de socialismo revolucionario con todas sus consecuencias”.
Ante este panorama no era de extrañar que meses después estallase la guerra. Pocos días después del levantamiento militar, el Cine Europa fue requisado por los anarquistas de la FAI (Federación Anarquista Ibérica) y se convirtió, de la noche a la mañana, como otros cientos de lugares de Madrid en una checa, en una de las más temidas de Madrid, conocida como Ateneo Libertario de Tetuán.

Los sótanos del cine fueron testigos de todo tipo de torturas y asesinatos, unos crímenes que sólo tenían un fin, eliminar a sus oponentes políticos, ya fueran de derechas o de izquierdas. Muchos comunistas fueron torturados y asesinados allí, pese a que los comunistas luchaban en el mismo bando que los anarquistas, pero existía un gran odio entre estos dos grupos de izquierdas.

Esta checa anarquista estaba dirigida por Felipe Emilio Sandoval Cabrerizo, conocido como, Doctor Muñiz, un siniestro personaje, asesino, atracador, pistolero, delator, que era odiado incluso por sus propios compañeros. Fue también el organizador de la matanza de presos políticos de la cárcel Modelo el 22 de agosto de 1936.

Recientemente una película recrea la vida de este siniestro personaje.