Quedan muy pocos días para que acabe el año y con él, las conmemoraciones al levantamiento de los madrileños del 2 de Mayo de 1808 que iniciaron la Guerra de la Independencia.
Yo también me he unido a esta conmemoración y durante este año, en este blog han ido apareciendo personajes, lugares y eventos, que recuerdan aquel episodio histórico y que podréis ver algunas picando en la etiqueta de esta entrada.
Para cerrar esta pequeña aportación mía, os dejo unos vídeos que fueron emitidos en Telemadrid hace unos meses y en los que se narra en formato de documental, los hechos ocurridos hace 200 años y que fueron decisivos en la historia de España.
Dos imperios…
El español llegando a su fin y el francés, en plena expansión.
El pasado domingo por la mañana, más de 500 personas de varios países representaron la Batalla de Somosierra en el mismo escenario histórico en el que hace 200 años las tropas francesas y la caballería polaca al mando de Napoleón, aplastaron a los españoles que intentaban cortar el paso a la tropas invasoras que pretendían tomar Madrid.
La mañana amenazaba lluvia, en el campamento donde se encontraba la tropa se hacían los últimos preparativos para la contienda. Unos descansaban, otros bebían vino Don Simón y otros ponían a punto sus armas.
Franceses, españoles, polacos e italianos compartían el campamento, juntos, con muy buen rollo y con camaradería, algo impensable doscientos años atrás.
A eso de las doce, las tropas homenajearon a los caídos en la batalla depositando una corona de laurel en la ermita del pueblo, donde se encuentran unas placas que recuerdan a los que murieron en la contienda.
Ya en el campo de batalla la lluvia hizo acto de presencia, afortunadamente, se declaró una tregua en los cielos y pudimos disfrutar del espectáculo.
Los españoles preparados para el ataque en las baterías colocadas en lugares estratégicos para evitar la entrada de las fuerzas invasoras.
El ambiente se caldeaba con los tambores y los primeros cañonazos. ¡Muerte al gabacho! ¡Muerte al tirano!, gritaban los españoles. En ese momento, los cánticos de guerra de los franceses se mezclaban con los de los españoles.
Poco a poco las tropas napoleónicas avanzaban hacia las baterías españolas en un avance lento ya que eran repelidos por los españoles.

Finalmente, Napoleón dio la orden de ataque a la Caballería Ligera Polaca, éstos, en un ataque suicida, se lanzaron a la carrera pasando a cuchillo a los españoles.
Hubo muchas bajas, muchos polacos murieron en el ataque y los españoles capturados eran inmediatamente fusilados, sus últimos gritos y aliento fue para lanzar vivas a España.

Las últimas baterías españolas aguantaron el ataque, hasta que poco a poco las banderas con la cruz de Borgoña fueron sustituidas por la tricolor francesa, dejando vía libre a las tropas invasoras.
Al final, el mismísimo Napoleón subido a su caballo se paseó por el campo de batalla, entre los cadáveres. Orgulloso de su victoria, Napoleón estaba convencido de que España por fin era suya, no imaginaba lo que unos años más tarde ocurriría.
Cuenta la leyenda que cuando Napoleón entró en el Palacio Real de Madrid, al subir por la escalera de la entrada, flanqueada por unos leones, símbolo de España, puso la mano sobre la cabeza de uno de ellos y dijo: ¡España, ya eres mía!.
Sirva esta entrada para felicitar a todos los que ayer nos hicieron revivir aquel episodio histórico, por su simpatía, amabilidad y su profesionalidad.
También quiero aprovechar para rendir homenaje a los caídos por España aquel 30 de noviembre de 1808 y para que, nosotros, los descendientes de aquellas gentes, ayer enemigos y hoy compañeros, socios y amigos sigamos juntos en esta Europa nuestra.
Aquella batalla fue un desastre, los españoles fueron machacados, la rendición dejó vía libre a Napoleón que entró en Madrid haciéndose finalmente con la Corona de España.
El próximo domingo 21 de septiembre, en el propio escenario histórico se hará una recreación histórica de aquella batalla con motivo del Bicentenario de la Guerra de la Independencia.Como en otras ocasiones, la asociación histórico cultural Voluntarios de Madrid , serán los encargados de la recreación de esta batalla.
Este tipo de recreaciones, muy comunes en otros lugares de Europa, como en Waterloo (Bélgica) no son muy habituales en nuestras tierras, algo que me resulta incomprensible, no sólo por los beneficios económicos que suponen gracias al turismo que generan, además, fomentan la cultura y el conocimiento de nuestra historia.
Este es el programa de la recreación histórica.
-10'30 h.: Apertura al público del campamento, exhibiciones, instrucción, vida cotidiana del soldado.
-12'00 h.: Ceremonia en honor a los caídos en la batalla (Ermita) con representación de los grupos participantes de Francia, España y Polonia.
-12'30 h.: Desfile y situación de los ejércitos en el campo de batalla.
-12'45 h.: Comienzo de la recreación histórica de la Batalla de Somosierra. Avance imperial, combates entre infantería francesa y española. Ataque de caballería rechazado. Carga de la caballería polaca. Toma de las baterías españolas.
-13'45-14'00 h.: Final de la recreación y desfile al campamento.
Más información en la página de la Fundación 2 de Mayo.
También puedes descargarte el Programa Oficial
A escasos metros del Palacio Real, muy cerca de donde saltó la chispa que desencadenaría el alzamiento popular del 2 de Mayo de 1808 y la posterior Guerra de la Independencia contra Napoleón, se encuentra, oculto entre los árboles el Palacio Grimaldi.
Está ubicado en el número 9 de la Plaza de la Marina Española, fue construido en 1776 por Sabatini por encargo de Carlos III para poder alojar allí a los secretarios de Estado, entre ellos el Marqués de Grimaldi y el Conde de Floridablanca.
Poco tiempo después pasó a manos del infame Godoy, que lo convirtió en su vivienda, fue él precisamente el que decoró y amplió el palacio.
En 1808 estaba habitado por Murat, Duque de Berg y cuñado de Napoleón. Fue en este mismo lugar donde Murat pudo ver con sus propios ojos como empezaba la rebelión de los madrileños contra el ejército francés.
En el interior de este palacio se organizó la represión contra los madrileños que llenaron de sangre las calles de Madrid.
Después de este episodio el palacio sufrió muchas reformas, fue destinado a diversos usos e incluso fue pasto de las llamas. Actualmente es la sede del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.
Es una pena que este edificio que guarda tanta historia entre sus muros no tenga un uso más abierto a todos, bien podrían convertirlo en un museo con una colección permanente sobre el alzamiento popular del 2 de Mayo de 1808, el escenario no puede ser mejor.
En el Parque del Retiro, muy cerca de la glorieta del Ángel Caído, hay una explanada en la que se encuentra una noria de madera de gran tamaño utilizada en el pasado para la extracción de agua.
Esta noria es el único resto que se conserva de la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro.
La fábrica fue fundada en 1760 por Carlos III como una filial de la prestigiosa fábrica napolitana de Capodimonte, para ello el rey mandó venir a los operarios de Nápoles así como instrumentos y otros artilugios para fabricar en Madrid porcelanas con las mismas técnicas.
Muchas de esas porcelanas se encuentran repartidas en diferentes museos de Madrid, además de una gran colección en el Palacio Real.
La fábrica empezó a fabricar magníficas piezas muy cotizadas en las casas reales de Europa, era un negocio muy rentable y con futuro, pero, algo con lo que no contaba nadie puso fin a la producción de porcelana, la invasión napoleónica.
El ejército francés ocupó el Retiro así como los palacios que allí había. La fábrica de porcelanas dejó de producir elaboradas piezas para convertirse en el centro de operaciones del ejército francés.
En 1812, las tropas hispano-británicas entraron en Madrid para liberar a la ciudad de las tropas de Napoleón y tras una cruenta batalla volaron todas las fortificaciones francesas así como su centro de operaciones, que no era otro que la fábrica de porcelana.
La noria que actualmente podemos ver, está restaurada y era una de las que surtía de agua a la fábrica de porcelana. Se trata de una noria de tiro, en ella se empleaba la fuerza de animales, normalmente mulos, para extraer el agua.
Durante este año en este blog han ido apareciendo varias entradas relacionadas con el Bicentenario de la Guerra de la Independencia, la mayoría vistas desde el lado español. La entrada de hoy es una vista desde el otro bando, el francés.
La invasión francesa tuvo para España un antes y un después, sin entrar en valoraciones sobre lo que supuso aquella invasión, lo cierto es que fue una victoria para Francia y una derrota para España.
Esta victoria la podemos ver reflejada en lugares tan simbólicos de Francia como la Iglesia de los Inválidos de París, donde reposan los restos de Napoleón. Allí, frente a su imponente sepulcro aparece una inscripción de la “Entrada en Madrid” como una más de las victorias de los galos.
Otro de los lugares emblemáticos de París en el que aparece Madrid, entre otras muchas ciudades españolas y del resto de Europa, en una extensa lista de victorias napoleónicas, es en el magnífico Arco del Triunfo que se levanta imponente en el corazón de París.
En uno de sus arcos aparece Madrid como se puede ver en estas fotos que hice el otro día aprovechando mi visita a París.
Dos caras de una misma moneda que, como en todos los conflictos de ayer, hoy y de mañana tienen dos visiones distintas, la de los vencedores y la de los vencidos.
Por culpa de la huelga de transporte que estamos padeciendo, en los mercados de Madrid empiezan a escasear algunos productos, algo que puede ser preocupante pero no alarmante, todavía.
Este “asedio” numantino que estamos sufriendo, no es nada si lo comparamos con otros asedios, estos verdaderamente serios, como el sufrido en el siglo XX durante la Guerra Civil en el que los madrileños de aquella época sobrevivían gracias al racionamiento de alimentos o la hambruna sufrida en el siglo XIX durante los años 1811 y 1812, en lo que se llamó “El Año del Hambre”.
En 1811 España estaba en guerra contra Francia, una guerra que empezó con el levantamiento popular de los madrileños el 2 de Mayo de 1808. Madrid, además de sufrir las consecuencias de la guerra y del férreo control de los franceses que tenían sometida a toda la población, sufrieron las consecuencias de toda una serie de malas cosechas. El resultado es fácil de imaginar, una gran hambruna se cebó en Madrid.
Los madrileños de aquella época no tenían acceso a la comida ni a los cultivos, lo poco que había era racionado y entregado en su mayoría al contingente francés que se habían instalado en Madrid.
Las calles de aquel Madrid pronto se llenaron de mendigos que buscaban algo que llevarse a la boca, después vino la desnutrición, afectando especialmente a los más débiles como los niños y los ancianos, al final llegó la enfermedad y muerte.
Se calcula que fueron más de 20.000 los madrileños que murieron a consecuencia de aquella hambruna y de las enfermedades ya que los cadáveres se amontonaban por las calles y las epidemias estaban a la orden del día.
El cuadro que ilustra esta entrada hace referencia a este episodio histórico, es un cuadro propagandístico pintado en 1818 por José Aparicio titulado, El hambre de Madrid.
Durante este año en el que conmemoramos el bicentenario del alzamiento popular de los madrileños contra el ejército de Napoleón, se está hablando mucho de los lugares emblemáticos donde se desarrollaron los hechos más significativos, el Parque de Monteleón, la montaña de Príncipe Pío o la Puerta del Sol entre otros, pero hay un punto exacto en el que se encendió la mecha que desencadenó el alzamiento popular y la posterior Guerra de la Independencia.
Ese lugar está muy bien señalado y está en la Plaza de Oriente, casi a las puertas del Palacio Real.
La mañana del 2 de Mayo de 1808, a primeras horas, partieron varios carruajes escoltados por el ejército francés rumbo a Francia, en ellos iban los últimos miembros de la familia real para reunirse con Fernando VII que ya había regalado la Corona de España a Napoleón.
Uno de los últimos en partir fue el infante Francisco de Paula, hijo menor de Carlos IV. En el momento en el que los franceses se disponían a sacar al infante del Palacio, los madrileños que allí se encontraban, pensaron que los franceses estaban raptando a la familia real, ninguno imaginaba que aquel espectáculo era la escenificación de una traición real.
Los madrileños, indignados y al grito de ¡se los llevan! ¡mueran los franceses! intentaron asaltar el palacio para así evitar el supuesto rapto del infante Francisco de Paula. A medida que avanzaban las horas, más y más madrileños indignados se agolpaban a las puertas del palacio e incluso atacaron a varios soldados franceses.
A escasos metros se encontraba el comandante del ejército francés Joaquín Murat que sin temblarle el pulso ordenó atacar con fuego de cañón a la multitud que se encontraba a las puertas del Palacio Real.
Allí murieron los primeros madrileños y allí comenzó el principio de toda una serie de calamidades que cambiarían definitivamente el destino de España.
Hoy una placa recuerda a los madrileños que, abandonados por su rey e invadidos por el ejército más poderoso de Europa, dieron su vida por España.
La Casa de la Villa o lo que fue el viejo Ayuntamiento de Madrid, guarda entre sus muros infinidad de historias, unas más conocidas y otras no tanto, aprovechando que todavía estamos de conmemoraciones por el Bicentenario de la Guerra de la Independencia, contaré una relacionada con este tema.
En la Casa de la Villa existía una de las cárceles de Madrid, en ella estaban encerrados presos de clases menos pudientes. La mañana del 2 de mayo de 1808, un grupo de presos que se encontraban cumpliendo pena en aquella cárcel, se enteraron de los incidentes que estaban sucediendo por todo Madrid. Un grupo de presos, 56 en total, tuvieron un gesto noble y heroico, pidieron unirse a la lucha de los madrileños contra los franceses bajo el juramento de que después de la lucha volverían a la cárcel.
Las autoridades abrieron las celdas y dejaron libres a los presos. La mañana del 3 de mayo, después de la refriega, cuando nadie esperaba el retorno de los presos, cincuenta y uno de ellos volvieron a la cárcel, tal y como habían jurado, sólo cinco no regresaron, de esos cinco, cuatro murieron en la lucha y sólo uno se dio a la fuga.
¡Tiempos aquellos en los que el honor estaba por encima de todas las cosas!
Un día como hoy hace exactamente doscientos años, se produjo en Madrid la escena que Francisco de Goya inmortalizó en su cuadro Los Fusilamientos del Tres de Mayo, que podemos admirar en el Museo del Prado de Madrid.
Este episodio ocurrió en la noche del dos al tres de mayo de 1808, el lugar es la colina del Príncipe Pío, pero, según estudios recientes, los hechos pudieron ocurrir en lo que hoy es la Plaza de España.
Aquella noche murieron fusilados 43 madrileños acusados de sublevarse contra los franceses, cuyos restos reposan en el Cementerio de la Florida.
Se dice que Goya fue testigo directo de estos fusilamentos, algo que no se puede comprobar y que tiene más de leyenda que de realidad.
Los inmortalizados por Goya no fueron los únicos fusilados, durante los días dos y tres de mayo de 1808, más de doscientos madrileños fueron fusilados. El mariscal francés Joaquín Murat, comandante del ejército y gobernador de Madrid, ordenó reprimir el levantamiento popular con la máxima contundencia, prueba de ello, su diario en el que escribió:
El pueblo de Madrid se ha dejado arrastrar a la revuelta y al asesinato... Sangre francesa ha sido derramada. Sangre que demanda venganza.
Los madrileños fusilados aquella noche no pudieron ser enterrados hasta diez días después, los franceses tomaron esta medida para así amedrentar a las gentes consiguiendo el efecto contrario, la ira y el odio de los madrileños y de toda España.
Esta mañana, a las diez en punto, daba comienzo la ceremonia que rendía homenaje a los 43 civiles fusilados por las tropas de Napoleón la noche del dos al tres de mayo de 1808 y que sus restos reposan en el pequeño cementerio de La Florida.
La presidenta de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre, llegó muy puntual y sin el alcalde. Que el alcalde no asistiese a este evento produjo todo tipo de comentarios, pero el más aceptado por todos era que como la presidenta y el alcalde son como el agua y el aceite, si va uno el otro no va.
La asociación castiza asistió al homenaje vestidos de época, con unos vestidos que llamamos “goyescos” por ser inmortalizados por el artista aragonés.
También un grupo de recreación histórica asistieron al homenaje, además hicieron algunas demostraciones con sus armas y amablemente explicaron a los que allí estábamos algunas características de sus uniformes y del armamento de aquella época.

A las once, la Asociación de Reservistas de Madrid hicieron una ofrenda floral a los héroes del Dos de Mayo y dieron un breve pero patriótico discurso.
El cementerio de La Florida sólo abre sus puertas una vez al año, cada dos de mayo, pero este año con motivo del bicentenario, abrirá sus puertas todos los fines de semana de mayo y junio.
A las doce las celebraciones se trasladaron a la Puerta del Sol, allí hubo un bonito desfile militar y se colocaron unas coronas de laurel como ofrenda a los Héroes del Dos de Mayo en las placas que hay en la sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid.
Aprovecho esta entrada para dar las gracias a ARES, la asociación de reservistas, que amablemente me ayudaron a conseguir información.

Señores Justicias de los pueblos a quienes se presentase este oficio, de mí el Alcalde de la villa de Móstoles:
Es notorio que los Franceses apostados en las cercanías de Madrid y dentro de la Corte, han tomado la defensa, sobre este pueblo capital y las tropas españolas; de manera que en Madrid está corriendo a esta hora mucha sangre; como Españoles es necesario que muramos por el Rey y por la Patria, armándonos contra unos pérfidos que so color de amistad y alianza nos quieren imponer un pesado yugo, Después de haberse apoderado de la Augusta persona del Rey; procedamos pues, a tomar las activas providencias para escarmentar tanta perfidia, acudiendo al socorro de Madrid y demás pueblos y alentándonos, pues no hay fuerzas que prevalezcan contra quien es leal y valiente, como los Españoles lo son.
Dios guarde a Ustedes muchos años.
Móstoles dos de Mayo de mil ochocientos y ocho.
Andrés Torrejón
Simón Hernández
Este fue el famoso bando de Móstoles (población cercana a Madrid), que para unos fue una declaración de guerra a Francia, pero que realmente fue una llamada de auxilio a toda España, llamada que provocó el levantamiento popular contra Napoleón en todas las regiones de España, iniciándose la Guerra de la Independencia.
Durante el levantamiento popular del Dos de Mayo de 1808 y durante la Guerra de la Independencia, las mujeres tuvieron un papel sumamente importante, no sólo en labores de intendencia, incluso en el frente. El ejemplo más llamativo lo encontramos en Agustina de Aragón, heroína catalana que defendió Zaragoza del asedio francés con un cañón, convirtiéndose en un símbolo español de libertad.
Otra heroína fue la madrileña Clara del Rey, una de las víctimas identificadas en la batalla del Cuartel de Monteleón.
El Dos de Mayo se encontraba junto a su marido y sus tres hijos defendiendo el cuartel de Monteleón. Clara ayudaba a sus paisanos en la defensa del cuartel y en ello puso todo su esfuerzo, hasta que tras un gran estruendo, Clara cayó al suelo, un trozo de metralla de uno de los cañones de los franceses le había alcanzado en la frente, destrozándole la cara y matándola en el acto. Más tarde su marido y uno de sus hijos morirían también en aquel mismo lugar.
Clara del Rey fue enterrada en el cementerio de la Buena Dicha, hoy desaparecido, en su lugar se levanta la Iglesia de la Buena Dicha, allí hay una placa conmemorativa que recuerda a esta heroica mujer.
También el Ayuntamiento de Madrid le rindió homenaje poniendo a una calle el nombre de Clara del Rey.
La Puerta de Alcalá es, y fue testigo de todos los acontecimientos ocurridos en Madrid desde finales del siglo XVIII, también de la Guerra de la Independencia, precisamente, está situada en la Plaza de la Independencia, pese a que muchos a esta plaza la llaman de todo menos por su verdadero nombre.
En este año de conmemoraciones por el bicentenario, este monumento símbolo de Madrid, también tiene su protagonismo.
Con la invasión napoleónica de 1808, el ejército francés se acuarteló en el cercano parque del Retiro y en los alrededores de la Puerta de Alcalá se produjeron encarnizados combates que dejaron su impronta en el monumento.
Si nos acercamos a la Puerta de Alcalá, podremos ver que tiene muchas cicatrices producidas por impactos de artillería. La mayoría de estos desperfectos fueron ocasionados durante la Guerra Civil, pero algunos de ellos fueron producidos en la lucha contra el poderoso ejército de Napoleón.
Diferenciar cuáles son los desperfectos ocasionados en la Guerra de la Independencia de otros conflictos es bastante difícil, ignoro si alguien se preocupó de catalogar estos desperfectos. De lo que sí se han preocupado es de dejarlos tal y como están, pese a que el monumento ha sido restaurado en varias ocasiones, se dejaron como testimonio mudo de la historia de Madrid, de España y de Europa.
Esta semana es la semana fuerte en lo que se refiere a conmemoraciones y actos relacionados con el Bicentenario del Dos de Mayo. En Madrid podemos encontrar numerosas e interesantísimas exposiciones relacionadas con este tema que no voy a enumerar ya que, Laura, en su blog De Madrid al Cielo ya hizo una estupenda lista con todas las exposiciones y visitas teatralizadas que podemos disfrutar en Madrid.
Recomiendo especialmente la organizada por la Biblioteca Nacional, la exposición Miradas sobre la Guerra de la Independencia. En ella podemos ver numerosos grabados de la época de carácter alegórico, político, dramático o satírico.
Realmente asombrosos son la serie estampas de Goya llamada los Desastres de la Guerra. Goya, a mi juicio, crea unas magníficas e impresionantes imágenes reflejando el drama de la guerra de una forma brutal y curiosamente actual, cualquiera de sus espampas puede ser la imagen de cualquier guerra pasada o futura, mostrando con toda crudeza el horror de la destrucción.
Una de las imágenes que más me impresionó cuando visité la exposición, fue la que figura en esta entrada, se titula Carretadas al Cementerio. En ella vemos un carro cargado de cadáveres y dos personas bajando del carro el cuerpo de una mujer asesinada. La escena se desarrolla en la Guerra de la Independencia pero bien podría ser una imagen tomada en Auschwitz, Ruanda o Irak.
Realizada entre 1810 y 1815, publicada en 1863
Aguafuerte, aguatinta, punta seca, buril y bruñidor; 156 x 209 mm
Harris, 184.III.1
Invent/45689(64)
Miradas sobre la Guerra de la Independencia
Hasta el 25 de mayo
Biblioteca Nacional
Paseo de Recoletos, 20-22
Entrada gratuita
Héroes del Dos de Mayo de 1808, el Teniente Jacinto Ruiz y Mendoza
Por EMNM | 4/28/2008 | 2 mayo 1808 , Monumentos , Personajes
En la Plaza del Rey, muy cerca de la Gran Vía, podemos encontrar un pequeño, pero hermoso monumento obra de Mariano Benlliure dedicado a el teniente Jacinto Ruiz y Mendoza. El monumento fue inaugurado en mayo de 1891 y está realizado en bronce y mármol.
Jacinto Ruiz nació en Ceuta en 1779. El dos de Mayo de 1808 se encontraba en Madrid guardando cama por enfermedad, al enterarse de la sublevación de los madrileños contra el ejército francés, sin pensárselo dos veces, pese a estar debilitado por la enfermedad, se presentó en el Cuartel de Monteleón poniéndose a las órdenes del capitán de artillería Luis Daoiz y el oficial Pedro Velarde.
A primeras horas del combate, el teniente Jacinto Ruiz y Mendoza fue herido en un brazo, algo que no fue impedimento para seguir al frente de la lucha hasta casi el final de la toma del Cuartel de Monteleón por los franceses. Antes de que esto ocurriera, una bala le alcanzó en el pecho dejándole fuera de combate y herido de gravedad.
El teniente Jacinto Ruiz y Mendoza murió meses después a consecuencia de las heridas recibidas en aquél épico día.
En el Museo Municipal, eternamente en obras, podemos encontrar un cuadro de Francisco de Goya poco conocido llamado, Alegoría de la Villa de Madrid, fue realizado por un encargo del Ayuntamiento al genial pintor aragonés.
El cuadro fue pintado en 1810 y en él aparece una mujer coronada que representa a la Villa de Madrid sujetando el escudo de la ciudad, a sus pies podemos ver un perro, símbolo de la fidelidad.
La mujer señala un óvalo que dice Dos de Mayo, una fecha que todos sabemos muy bien qué es lo que representa, pero, ¿cómo es posible que aparezca esta fecha si el cuadro fue pintado en 1810 y en España reinaba José I Bonaparte, hermano de Napoleón, conocido con el apodo de Pepe Botella?
Sorprendentemente, este cuadro fue retocado varias veces, fue una víctima de los avatares históricos.
En un principio, en el óvalo aparecía la imagen de José Bonaparte, hasta que en 1812 los franceses, salieron de Madrid por el avance del ejército inglés. Inmediatamente, el cuadro fue modificado y en el óvalo desapareció la efigie de José Bonaparte y se puso la palabra “Constitución”.
Con la vuelta de José Bonaparte, ese mismo año a Madrid, se volvió a retocar el cuadro, quitaron la palabra constitución y pintaron nuevamente el retrato de Bonaparte.
Con la expulsión definitiva de los franceses de España, el cuadro volvió a modificarse y en el óvalo volvió a figurar la palabra “Constitución”.
En 1823 el cuadro se modifica una vez más, esta vez, en el óvalo desaparece la constitución para sustituirla por un retrato del rey Fernando VII que desaparece en 1843 y es sustituido por el lema: El Libro de la Constitución.
Finalmente, en 1872 el cuadro se modifica una vez más, el alcalde, el marqués de Sardoal decidió que en el óvalo apareciese la fecha que hoy podemos ver, Dos de Mayo.
El cuadro, además de ser un reflejo de nuestra historia, podríamos decir que es un símbolo, no sólo de Madrid, además, es un símbolo para España y el de todos los españoles que dieron su vida luchando por la libertad y la deseada Constitución que nos hace libres e iguales a todos los españoles, excepto a los miembros de la Casa Real, claro...



