Muy cerca de la calle de Toledo se encuentra una calle de misterioso nombre, la Calle de la Sierpe. Si nos fijamos en las placas que dan el nombre a la calle, descubriremos que el nombre viene dado por una fuente y no por una sierpe, que es una serpiente de tamaño monstruoso.

En esta calle hubo en el pasado una fuente con un caño con forma de serpiente, una fuente muy concurrida por aguaderos y vecinos que, con su curioso caño, dio nombre a toda una calle.
Según cuenta Pedro de Répide en su obra Calles de Madrid, esta calle fue también conocida por calle de las Negras y es que allí vivía un comerciante de joyas brasileño, muy rico, que daba muy mala vida a unas esclavas negras que vivían con él.

Parece ser que el brasileño maltrataba a las mujeres de una forma brutal, las encadenaba, las golpeaba y sufrían constantes castigos. Un buen día, unos ladrones entraron en su casa para robarle las joyas. Los ladrones le encadenaron en uno de los postes donde solía encadenar a las esclavas y éstas, tomándose la justicia por su mano, le dieron una horrible muerte mientras los ladrones le robaban todas sus riquezas.