Hace ya unos cuantos días, hablé de las colas que se forman por estas fechas en la administración de lotería de Doña Manolita pues, todavía hoy, podemos ver esas colas, posiblemente, mucho mayores que las de hace semanas, tanto es así, que no hay día en el que no aparezcan reporteros de televisión entrevistando a los que guardan cola pacientemente, deseosos de hacerse con el número que será premiado con una lluvia de millones de euros.

La aparición de reporteros de prensa y televisión en las inmediaciones de la administración de lotería más famosa de Madrid y de España no es nueva. He encontrado una vieja revista de 1930 en la que la propia Manolita contaba, en la que fue una de sus primeras entrevistas, las manías de los compradores de lotería y del día en el que ella se hizo popular dando el premio gordo de la lotería.

Doña Manolita cuenta que, en 1926 estaba harta de que nunca tocase el premio gordo de la lotería en su administración, que en un principio se encontraba en la calle San Bernardo, así que fue a buscar números de lotería a otros lugares de España. Hizo cuatro viajes a Zaragoza y, en sus viajes a la ciudad aragonesa visitó a la Virgen del Pilar, las cuatro veces coincidió que el manto de la Virgen era de color rojo, color que ella asociaba a la fortuna. Manolita, sorprendida por esta casualidad, no se lo pensó dos veces y se hizo con varios números de la lotería para venderlos en su administración madrileña que, precisamente, resultaron premiados, fue el inicio de su fama que todavía hoy perdura.

Resulta curioso que, hoy como antaño, la gente realiza todo tipo de ritos a la hora de comprar un número de lotería. En esta misma entrevista, Manolita cuenta algunos de los ritos más curiosos y extraños que hacían los madrileños de los años treinta, cuando compraban lotería de Navidad.

Dos de los ritos más curiosos fueron realizados por dos mujeres, según la lotera, las mujeres son más supersticiosas y aficionadas al juego. Cuenta que una de ellas se quedaba a las puertas de la administración de lotería y no compraba ni un solo número hasta que no pasase por la mismísima puerta de la administración, un sacerdote con sotana y rubio. Cuenta que esta superstición hacía que la buena señora, se tirase horas y horas esperando para ver un cura de esas características.

El caso más gracioso era el de otra mujer que siempre iba con un gato negro en su regazo, cuando llegaba a la administración de lotería, pedía a la lotera que le sacase seis números de la lotería y los pusiese encima de una mesa, una vez hecho esto, la señora soltaba al animal y, el primer número que fuese tocado por una de las patitas del gato era el que compraba.
Parece ser que el gato tenía buen ojo porque, la señora ganó varios premios, incluso le tocó la lotería tres veces en un mes, según ella, gracias a su gato.

Han pasado más de 80 años desde que se hizo esta entrevista pero, todavía hoy podemos ver escenas similares en esta administración de lotería, hay cosas que nunca cambian.
Lo que sí han cambiado y mucho, son los cánones de belleza. La foto que ilustra el post, procede de la revista Crónica del 21 de diciembre de 1930 y, al pie de la foto, tienen el detalle de decir que "una madrileña, guapa y castiza, entra en el despacho de Dña. Manolita en busca de la suerte". Madrileña será, castiza, puede, pero, guapa, lo que se dice guapa...