La semana comienza con lluvia y parece que seguirá lloviendo durante toda la semana. Este invierno está siendo muy frío y lluvioso pero entra dentro de lo normal, estamos en invierno y es lo que toca.

La memoria es frágil sobre todo con algunas cosas, casi nunca nos acordamos de lo que comimos ayer ni de las inclemencias del tiempo de hace unos años. Sólo cuando ocurren acontecimientos excepcionalmente importantes, lo guardamos en la memoria durante años y años, este fue el caso del diluvio que vivió Madrid en 1434 que provocó tantos daños, que ese año fue conocido como el del Pequeño Diluvio.

En el siglo XIV, Madrid era una pequeña villa amurallada. La vida era mucho más dura que en la actualidad. Las inclemencias del tiempo podían provocar que de la noche a la mañana, acabasen con las cosechas provocando grandes hambrunas.
Una mañana del 29 de octubre de 1434, empezó a caer una lluvia fina sobre Madrid que, poco a poco, se convirtió en una lluvia persistente que no dio tregua hasta el 29 de enero de 1435. Paró de llover el 29 de enero del año siguiente pero, quiso hacerlo de una manera espectacular. Como si de una traca final se tratara, el cielo se vino abajo y ¡llovió a cantaros!
Madrid quedó totalmente inundado en seis leguas a la redonda, las cosechas quedaron arrasadas, numerosas casas se vinieron abajo, incluso algunos lienzos de las murallas se derrumbaron.
Debido a estas lluvias, muchas personas perdieron la vida pero lo peor estaba por llegar. Las hambrunas y las epidemias se cebaron con la población meses y años después de este suceso.

Este acontecimiento marcó a una época pero, también en este caso, la memoria colectiva tiene fecha de caducidad, ¿quién se acuerda del Año del Diluvio?