Ya todo está preparado para la celebración de la XXV edición de los premios Goya, unos premios que quieren imitar a los Oscar y que se otorgan al cine español.
Este año, el director de cine y fugaz presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, Álex de la Iglesia tuvo el acierto de celebrar esta ceremonia en uno de los lugares más emblemáticos y glamurosos de la ciudad de Madrid, el Teatro Real.

La celebración de estos premios, como es habitual, está marcada por la polémica, hay quien piensa que la industria del cine español está demasiado subvencionada y alegan que se despilfarra el dinero público en películas que, en algunos casos, la subvención es mayor que la recaudación en taquilla y, en el peor de los casos, se subvencionan películas que no llegan ni a estrenarse en los cines.

No quiero entrar en polémicas sobre subvenciones o sobre la calidad del cine español, este post es para criticar, negativamente, el despilfarro absurdo y, a mi juicio, extrañamente ridículo escenario creado para los Goya de 2011.

Como se puede ver en las fotos, desde casi la misma fachada principal del Palacio Real, que imagino que será el lugar por donde llegarán las “estrellas” y, atravesando toda la plaza de Oriente, hasta casi la mismísima puerta del Teatro Real, se han instalado un túnel de plástico y una cosa que parece un invernadero, también de plástico, de esos que tanto abundan en Almería.
El túnel es obvio que será el lugar por donde desfilen las celebridades, un desfile oculto al público porque, con miras a protegerles de la lluvia, nadie podrá verlos lucir palmito, sólo se verán figuras distorsionadas por el plástico, como la mujer que en la película Psicosis moría apuñalada en la ducha tras una cortina... de plástico.

También hay una carpa, el invernadero al que hacía referencia que, seguramente, será donde se encuentre el photocall y el lugar donde los medios de comunicación arranquen una sonrisa a las estrellas del cine español.

Esto, si no me equivoco, es una novedad. En ediciones anteriores, sobre todo en las dos últimas, las celebridades se metían de sopetón y a toda prisa, al lugar donde se celebraba la ceremonia, nada que ver con lo que ocurre en otros festivales de cine, tanto en los míticos Oscar, como los premios europeos de cine, donde las celebridades desfilan con glamour y regalan sonrisas a diestro y siniestro, conscientes de su hermosura y de que se deben a su público. Aquí todo eso no pasa, no sé si por falta de glamour, pudiera ser, o porque las “celebridades” españolas pasan olímpicamente de sus seguidores que, pese a lo que pueda parecer, los hay.

Es posible que este año las cosas cambien gracias a esta carpa-invernadero, las celebridades podrán deshacerse en sonrisas para, después, ya sí, meterse de rondón al teatro para recibir sus premios.

Una vez atravesado el túnel de plástico con moqueta roja, los protagonistas de la noche, saldrán de él entre aclamaciones del público y la luz cegadora de los focos rumbo al teatro. Quién sabe si ese paseo por el túnel recordará a esos estados cercanos a la muerte que, toda la gente que dice que ha vivido esa experiencia, habla de un túnel blanco con luz cegadora, como en la última película de Clint Eastwood.
A mí, sinceramente, el túnel de plástico me recuerda a una película que vi de niño y que me impactó, aquella en la que John Travolta vivía encerrado en una casa y le llamaban el niño burbuja.

Aquí vemos a los operarios ultimando los detalles para que nada falle esta noche de cine.

Esta noche saldremos de dudas, así que mucha suerte a los nominados o como se dice en el argot artístico, mucha "mierda" para todos, entre ellos, Álex de la Iglesia que, además de organizar el cotarro, también está nominado al Goya por su película.

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Lo que me temía, las "celebridades" llegan y salen del coche disparados a la carpa donde se encuentra el photocall, ignorando a la gente que se encuentra en la zona para verles. Ni un saludo, ni una sonrisa... ¡será por la lluvia!