Recientemente ha sido inaugurada la Biblioteca Iván de Vargas, que se encuentra en la calle Dr. Letamendi, justo frente al Pasadizo del Panecillo del que hablo en el post anterior. Esta biblioteca ocupa parte del solar donde antes se encontraba la Casa de Iván de Vargas, que fue demolida, pese a tener máxima protección, por una de esas decisiones catastróficas que muchas veces los políticos comenten con toda impunidad. Cierto es que el edificio estaba en absoluto estado de ruina pero, creo que se podría haber recuperado.

En este post no voy hablar de la biblioteca pero sí de uno de los detalles que “adornan” la entrada. Se trata de una escultura de la que no tengo mucha información, parece ser que se llama “El Lector” está hecha en bronce y es una más de las muchas estatuas de bronce que están diseminadas por toda la ciudad.

Este tipo de estatuas tienen su público, hay quien las adora y hay quien las odia, yo me encuentro casi en el segundo grupo. Personalmente este tipo de escultura urbana de seres anónimos que están como petrificados me dan mal rollo, me recuerdan a esos moldes de yeso pompeyanos que conservan la forma de aquellos pobres desgraciados que murieron en el acto en la erupción del Vesubio en el 79 D.C.

No sabría decir exactamente cuantas esculturas de este tipo hay en Madrid pero, haciendo un repaso mental, me salen una docena de ellas.

Esto no es algo típico de Madrid, estas esculturas están por toda España, ¿qué fin tienen estas estatuas? ¿de dónde viene esta obsesión? ¿no os recuerdan a esos terribles enanos de jardín que venden en los centros de jardinería? ¿os gustan?

Enlaces relacionados.