España, durante las dos Guerras Mundiales, se mantuvo en una posición neutral, motivo por el cual su capital, Madrid, se convirtió en un verdadero nido de espías de todos los bandos enfrentados.

Uno de los espías que más impacto tuvo y que dejó una huella imborrable en la memoria colectiva de todos, fue la bella y misteriosa Margaretha Geertruida Zelle, más conocida como Mata-Hari.

De origen holandés, fue una popular bailarina erótica, nacida en 1876. Tuvo una agitada vida familiar, se casó a los 18 años con un militar y tuvo dos hijos a los que vio morir, uno de ellos envenenado. Pasó un largo tiempo viviendo en Java, lugar donde fue destinado su esposo y donde aprendió las técnicas amatorias que tanta fama le dieron.

Las cosas en Indonesia no le fueron bien, tampoco le fueron mucho mejor cuando volvió a Europa en 1902. Estaba arruinada y despreciada por su esposo, un hombre alcoholizado y resentido por la supuesta vida libertina que Mata-Hari llevaba en Java. Esto hizo que la mujer explotase todos los recursos que tenía a su alcance, incluso su belleza exótica y sus artes amatorias.

Después de probar como modelo para pintores y otros trabajos poco productivos, se dedicó a bailar por los escenarios de Europa. En pocos años su popularidad fue en aumento, su exotismo, el mismo que ella se encargaba de fomentar, su descaro y sus pocos reparos en acabar en la cama de cualquier hombre influyente, hicieron de ella un mito erótico que cautivó a toda la sociedad.

Al estallar la I Guerra Mundial, Mata-Hari se encontraba en Berlín, sus contactos con los hombres más influyentes e importantes le llevaron a trabajar como espía, algo que supongo nunca imaginó y que, sospecho, no se lo tomó muy en serio, pese al mito.

En 1915 vino a Madrid en una misión de espionaje y, como en otras capitales europeas, Mata-Hari se hizo deseada por lo más granado de la sociedad madrileña y, obviamente, lo logró, incluso acabó en la cama de algunos de los hombres más importantes de España.
Estuvo alojada en el Hotel Palace y en Hotel Ritz, compartió mesa y tertulia con lo más selecto de la intelectualidad en lugares como el Café Gijón y se dejaba ver por la noche madrileña, siempre muy bien acompañada.

Un año después de su llegada, un mensaje enviado desde Madrid e interceptado en París, desde la mismísima Torre Eiffel, pone en un aprieto a Mata-Hari, tanto que, a su llegada a la capital francesa, es detenida y acusada de espionaje, de ser agente doble para Alemania y culpabilizándola de la muerte de miles de soldados franceses.

Según algunas fuentes, Mata-Hari fue víctima de una trampa, un engaño o víctima de su propia torpeza, por no ser una espía profesional.

Al final Mata-Hari fue juzgada y condenada a morir por un pelotón de fusilamiento. Hasta el último momento ella confiaba en sus encantos y en sus influencias pero nada de eso le ayudó. El 15 de octubre de 1917 un pelotón de fusilamiento acabó con su vida. Se dice que antes de morir lanzó un beso a los soldados que le fusilaron. Esto, que podría ser una leyenda, tiene más de realidad pues, en numerosos periódicos españoles de la época, hacen referencia a este hecho. También son numerosas las cartas aparecidas en la prensa madrileña, escritas por ilustres personajes que condenan la muerte de Mata-Hari, poniendo la excusa de su condición femenina y, sin lugar a dudas, cegados por la fascinación que provocó esta mujer que, a día de hoy, su nombre es sinónimo de misterio, belleza y seducción.

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Fuentes: Mujeres Espías. Ed. Debate