Madrid conserva numerosas calles con los nombres de diversos oficios y gremios que antiguamente se agrupaban en determinadas zonas de la ciudad, como por ejemplo las calles de Curtidores, Tintoreros, Cedaceros, Coloreros, Bordadores, Latoneros, etc. Hoy muchas de estas calles sólo conservan el nombre de los gremios y comercios que antaño se ubicaron en ellas pero, curiosamente, todavía quedan algunas en las que sí se conservan milagrosamente algunos de los negocios que dieron nombre a la calle, es el caso de la Calle de los Libreros.

Entre la Gran Vía y la calle Estrella se encuentra esta pequeña calle que, hasta hace unas décadas, los comercios que predominaban eran librerías. En la actualidad casi todas han desaparecido y solo unas pocas mantienen su negocio abierto. Lejos quedan aquellos años en los que a principios de septiembre, con el inicio del nuevo curso universitario, la Calle de los Libreros se convertía en un verdadero hervidero de gente que hacía cola para comprar los textos universitarios en las librerías y en los puestos que los estudiantes, de forma improvisada, montaban para vender los libros de segunda mano y así poder comprar los libros del nuevo curso, podríamos decir que era una especie de “topmanta” primigenio. Todo aquello prácticamente ha desaparecido, las librerías han ido cerrando y quién sabe cuánto tiempo aguantarán las que todavía quedan. Un futuro incierto y más en estos tiempos en el que las librerías de todo Madrid han ido cerrando en un lento pero incesante goteo.

La Calle de los Libreros toma este nombre por las librerías y por sugerencia de Pío Baroja pero hace poco más de un siglo, antes de la construcción de la Gran Vía, este lugar tuvo varios nombres y una curiosa leyenda. 

Pedro de Répide, en su obra Las calles de Madrid, hace referencia a este lugar y cuenta que en sus orígenes se llamaba Calle de la Justa. Al parecer, en este lugar vivió una señora llamada Justa en cuya casa había un pozo del que salieron dos basiliscos que acabaron con la vida de esta mujer. La historia es, por decirlo de alguna manera, de lo más fantasiosa. Que hubiese una mujer llamada Justa pudo ser cierto, ahora, lo de los basiliscos asesinos como que no parece muy creíble.

Para disgusto de los basiliscos y de la propia Justa, en mayo de 1893 la calle cambió de nombre y se le puso el mitológico nombre de Ceres. Una vez más Pedro de Répide hace alusión a este dato y no sin enfado, comenta que hubiera sido más apropiado poner a la calle el nombre de Venus pues este lugar se había convertido en poco tiempo en un verdadero prostíbulo y cito textualmente: “No es pintoresco, sino lamentable y hediondo, el trozo de ella (se refiere a la calle) en que se agrupan los cochambrosos lupanares, cubiles donde tiene asilo la varia fauna del hampa de la corte”.

A principios del siglo XX parte de esta calle y los prostíbulos desaparecieron para siempre por la construcción de la Gran Vía, tomando la forma que tiene en la actualidad. Más tarde, durante la II República fue llamada Calle de Constantino Rodríguez hasta que finalmente, en 1943 cambió su nombre por el de Calle de los Libreros que se mantiene hasta hoy.


Foto B/N Calle Libreros / Diario Actualidades / Marzo de 1910